La libertad religiosa se fundamenta “en la misma dignidad de la persona humana”

La libertad religiosa se fundamenta “en la misma dignidad de la persona humana”

<a href="http://www.hazteoir.org/node/26273">«Lourdes Ruano: &quot;La protección del derecho a la libertad religiosa en el marco de un Estado laico&quot;»</a>

Por ello, el Estado "está obligado a reconocerla y tutelarla". Así lo destacó Lourdes Ruano en la ponencia que defendió en el XI Congreso de Católicos y Vida Pública, cuyo texto íntegro publica HO en su sección de Documentos.

REDACCIÓN HO.- Como en su día informó Noticias HO, Lourdes Ruano Espina, Catedrática de Derecho Eclesiástico del Estado de la Universidad de Salamanca, disertó en la jornada inaugural del reciente XI Congreso de Católicos y Vida Pública sobre el derecho a la libertad religiosa.

"La protección del derecho a la libertad religiosa en el marco de un Estado laico" es el título de su ponencia. En ella, defiende que "el derecho de libertad religiosa encuentra su fundamento en la misma dignidad de la persona humana, por lo que es un derecho natural y universal, es previo al Estado y a cualquier otra organización social, nacional o internacional, que queda obligada a reconocerlo, respetarlo, facilitar su ejercicio y tutelarlo eficazmente".

"Sólo así -añade- el Estado adquiere legitimidad ante sus ciudadanos y ante el resto de la comunidad internacional. Desde esta perspectiva, el derecho a la libertad religiosa constituye un límite a la acción del Estado y los poderes públicos, que en ningún caso pueden erigirse en sujetos de actos de fe y han de evitar todo riesgo de confusión entre las funciones estatales y religiosas, y no al contrario".

Considera así mismo que "la Constitución de 1978, al regular el factor religioso, ha diseñado un sistema de laicidad positiva" y que este sistema implica que el Estado, y consiguientemente todos los poderes públicos, "contemplan el factor religioso como un fenómeno social positivo en sí mismo, que forma parte del bien común". Todo ello, en aplicación lo dispuesto en por nuestra Carta Magna en su artículo 16.3, que obliga al Estado a "tener en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y a mantener las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las restantes confesiones religiosas".

"Creo -añade Lourdes Ruano- que no debe perderse de vista esta perspectiva, porque la neutralidad del Estado en materia religiosa, que está implícita en el texto constitucional, lejos de identificarse con el separatismo estricto, constituye el principal instrumento elegido por la Constitución para hacer posible la protección de la libertad religiosa en condiciones de igualdad, para todos los ciudadanos y grupos. La libertad es realmente el fin, la neutralidad tan sólo es el medio".

Para la catedrática de la Universidad salmantina, "el Estado, debiendo ser neutral respecto a las opciones concretas del hecho religioso, y a sus expresiones públicas o privadas, no lo es ni puede serlo ante la libertad religiosa, que está obligado a reconocer y tutelar".

A su juicio, "el derecho a la libertad religiosa quedaría cercenado y gravemente menoscabado si su ejercicio tuviera que quedar confinado al ámbito puramente interno de la conciencia. La libertad religiosa implica que toda persona puede acomodar las actuaciones vitales a las exigencias de la fe que profesa, pero comprende también un amplio abanico de manifestaciones externas, cuyo contenido ha quedado garantizado por el art. 2.1 de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa, con la consiguiente inmunidad de coacción".

La prestigiosa jurista denuncia que "en los últimos años, estamos asistiendo a una tendencia a reinterpretar o redefinir el derecho de libertad religiosa en un sentido restrictivo de corte laicista, que persigue la exclusión de lo religioso de los distintos ámbitos de la sociedad, con la pretensión de que quede relegado al ámbito privado de la conciencia individual", así como "la tendencia hacia un sistema un sistema de tipo laicista, que se aparta del realmente diseñado por la Constitución".

Lourdes Ruano insiste en que "la neutralidad del Estado constituye en realidad un medio necesario para hacer efectivo el derecho natural a la libertad religiosa, que el Estado no crea, sino que viene obligado a garantizar y tutelar". Más bien, "por ser inherente a la misma dignidad de la persona humana, es la libertad religiosa la que constituye un límite a la acción del Estado y los poderes públicos, más que al contrario".

"Ciertamente -asegura-, en determinados casos, para garantizar esta neutralidad, y en aplicación del principio de laicidad, puede entenderse que el Estado tiene el deber de procurar que, en los espacios pertenecientes a instituciones públicas -o tutelados por los poderes públicos-, no se exhiban símbolos religiosos que puedan llevar erróneamente a pensar en la adhesión de los poderes públicos a una determinada fe religiosa, o generar una confusión entre las funciones públicas o estatales y las religiosas, porque de lo contrario podría verse comprometido dicho principio".

Como ejemplo de ello, cita la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), dictada recientemente en el caso Lautsi contra Italia, de 3 de noviembre de 2009. En su opinión, esa resolución "tiene, indudablemente, algunos aspectos que merecen una valoración positiva". Sin embargo, destaca que "bajo la argumentación de la sentencia subyace un posicionamiento ideológico concreto, que lleva finalmente a los magistrados a condenar al Gobierno italiano a indemnizar a la señora Lautsi por los daños morales sufridos, como consecuencia de la exhibición en espacio público del crucifijo". "Sin perjuicio de la protección de los derechos fundamentales de los menores y de los padres, que en cualquier caso debe quedar garantizada", el planteamiento del TEDH le parece "cuanto menos, arriesgado y preocupante", pues estima que "el pronunciamiento de la Corte se enmarca en una determinada corriente de pensamiento -inmanentista-, cada vez más extendida, que pretende la exclusión de todo signo religioso, que pueda hacer visible la presencia de Dios, de la esfera pública".

"Esta tendencia, a suprimir toda expresión pública de religiosidad -insiste Lourdes Ruano-, la observamos también en España". "La defensa de la necesaria neutralidad de los poderes públicos no implica que toda manifestación externa o pública de la libertad religiosa tenga que ser necesariamente sofocada en aras a evitar la confusión entre las funciones estatales y las religiosas, más allá de los límites legalmente establecidos al ejercicio de este derecho, porque entonces lo que estaría restringiendo y cercenando es el propio derecho de libertad religiosa", explica.

Manifiesta también que "tanto las reformas legislativas promovidas por el Gobierno y por ciertos grupos parlamentarios en los últimos años, como las declaraciones públicas de sus representantes, pueden conducirnos a pensar que probablemente estemos asistiendo a un profundo cambio en el sistema de relación del Estado con el hecho religioso, que tiende a la implantación de un sistema de tipo laicista, que pretende relegar el fenómeno religioso al ámbito puramente privado, promovido desde el poder, sin previa reforma constitucional".

Tras destacar que "el Estado ha evitado frecuentemente legislar sobre cuestiones que pueden tener una incidencia más clara o directa sobre cuestiones morales, a lo largo de estas dos legislaturas", resalta que "el Gobierno socialista ha logrado sacar adelante una abundante legislación que presenta importantes connotaciones e implicaciones morales".

La ponente destaca que "esta incontinencia normativa del Gobierno" forma parte de "un confesado proyecto ideológico y cultural, que pretende transformar la sociedad española y redefinir al hombre, partiendo de una antropología y una ideología (la llamada ideología o teoría de género) que resultan incompatibles con la antropología cristiana y contrarias a la ley moral. Pero la imposición, de forma institucional, del pensamiento único, incluso a través del sistema educativo, en materias tan sensibles como la concepción antropológica del hombre, la identidad sexual, las relaciones y modelos familiares o la misma concepción iuspositivista de los derechos humanos, lesiona gravemente la libertad ideológica, religiosa y de conciencia, derechos que son inherentes a la dignidad de toda persona y que merecen la máxima protección".

"Es quizá ésta la razón por la que, cada vez con mayor frecuencia, se invoca la objeción de conciencia, como instrumento para salvaguardar ese ámbito de inmunidad intocable que representa el mundo de la conciencia y las convicciones personales. La objeción de conciencia cobra pleno sentido ante la existencia de un auténtico conflicto entre el deber de someterse a una conducta, que es jurídicamente exigible en virtud de un mandato legal, y el deber de negarse a su cumplimiento en virtud de una norma superior de carácter moral", expone.

Para Lourdes Ruano, "la libertad religiosa no es solamente libertad de creer o no creer, ni sólo libertad de culto. Es el derecho de toda persona a iluminar y configurar toda su vida desde la luz de Cristo, la verdad de Dios y la búsqueda de Dios. Erradicar de la vida social y pública todo sentido de la trascendencia, bajo el pretexto de que, cuanto más privado sea el hecho religioso mejor se garantizará la libertad en una sociedad democrática, es un grave error".

Finalmente, citando al Papa Juan Pablo II en la Encíclica Fides et Ratio sostiene que "una vez que se ha quitado la verdad al hombre, es pura ilusión pretender hacerlo libre. En efecto, Verdad y libertad, o bien van juntas o juntas perecen miserablemente".

  • El texto completo de la ponencia se encuentra en la sección de Documentos de HO:

Lourdes Ruano: "La protección del derecho a la libertad religiosa en el marco de un Estado laico"

  • Enlace permanente al texto del documento:

http://www.hazteoir.org/files/L.Ruano_. La protección del derecho a la libertad religiosa en el marco de un Estado laico.pdf