La política, al servicio del bien común

La política, al servicio del bien común

El XI Congreso Católicos y Vida pública aborda desde mañana este campo de rigurosa actualidad y necesidad: una  exigencia de regeneración democrática que recupere los valores.

REDACCIÓN HO.- No podría venir 'más al pelo', a raíz de la que nos está callendo, el campo del que se va a ocupar, desde mañana viernes y hasta el domingo, el XI Congreso Católicos y Vida Pública: La política al servicio del bien común" es el lema de esta edición del encuentro que organiza la Universidad CEU San Pablo y la Asociación Católica de Propagandistas (UCdP)en Madrid.

El Congreso, que tendrá lugar en la Universidad CEU San Pablo de Madrid (C/Julián Romea, 23), está prevista la intervención de ponentes como el presidente del Instituto Universitario de Estudios Europeos y ministro de Asuntos Exteriores entre 1976 y 1980, Marcelino Oreja Aguirre, y el ex ministro de la Presidencia y de Educación, actual abogado del Estado, José Manuel Otero Novas, entre otros.

Compromiso

El presidente de la Fundación Universitaria CEU y de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), Alfredo Dagnino, ha subrayado la necesidad del compromiso de los católicos en la vida pública para se de una política al servicio del bien común.

En la presentación del XI Congreso Católicos y Vida Pública, que se celebró ayer en Madrid, recordando lo expuesto en el Concilio Vaticano II, Dagnino añadía que el orden social y el progreso deben subordinarse siempre al bien de las personas y al bien común de las sociedades, y que el bien político debe fundarse en el bien común, en la verdad del hombre, edificarse en la Justicia y en el Amor, encontrar la libertad. “La política no puede ser ajena al bien común y debe servir a la nación”, declaraba.

Como proseguía Dagnino, la política necesita hoy testimonios y ejemplos de vida entregados al bien de la nación, ejemplos de vida y humildad, de amor al prójimo y a la patria. “Sólo estos ejemplos –dijo-serán capaces de despertar los mejores sentimientos y las mejores actitudes en muchos ciudadanos para que se pongan al servicio de la nación”. Serán, continuó, capaces de despertar vocaciones políticas.

Todos los ciudadanos deben tener una pretensión de construir la sociedad en base al bien común, recordaba, “una exigencia –señaló- especialmente importante en este campo” y comentó que la Iglesia espera de los católicos esa actitud, en calidad de fieles laicos. “Impregnar las realidades humanas con el espíritu del Evangelio es un deber moral de conciencia”, apostilló.

Igualmente, subrayó que es preciso tener presente que los principios que inspiran el Gobierno no pueden desvincularse ni ser independientes del orden moral, ni siquiera los Estados democráticos. La dignidad de la persona humana, los derechos de los hombres son el fundamental esencial de la democracia. No habrá democracia ni estado de derecho ni orden político si en el centro no está la dignidad del hombre y sus derechos.

Dagnino advirtió, además, que tras la caída de las ideologías en muchas naciones, como el marxismo, “hoy existen riesgos, no menos graves, que niegan y violentan derechos fundamentales”. “Ese riesgo –dijo- es el de la alianza entre el orden político y el relativismo”. Y recordando a Juan Pablo II afirmó que una democracia sin valores se convierte en un relativismo.

Finalmente, manifestó que el Congreso tiene como objetivo, entre otros, sentar las bases de una nueva economía basada en la solidaridad y en el principio de subsidiariedad.