Corea del Norte tortura a 200 mil personas en campos de concentración

Corea del Norte tortura a 200 mil personas en campos de concentración

Kim Jong-il sustituye a Pol Pot en los nuevos campos de la muerte.

REDACCION HO.- Las muy sensibles democracias europeas, proclives a echar una mano a tiranos como los Castro, siguen ignorando lo que les conviene. Condenado el "eje del mal" porque quien lo proponía era Bush, los gobiernos europeos nada parece que tengan que decir acerca de los 200 mil presos políticos internados en campos de concentración de Corea del Norte.

Los prisioneros son obligados a trabajar 15 horas diarias, no tienen acceso al jabón y solo pueden vestirse con harapos. La causa más frecuente de muerte entre ellos es la desnutrición.

Un informe de la Asociación de Abogados Coreanos aparecido en The Washington Post, periódico que no ha sido ajeno a la defensa de diversas formas de apaciguamiento, explica la vida cotidiana de los presos políticos de la dictadura comunista del norte de Corea.

Los detenidos se alimentan de maíz y sal. La única ropa de que disponen es la que reciben al entrar en los campos, que deberán conservar durante toda la estancia. No tienen derecho a usar calcetines ni ropa interior y carecen de jabón o toallas. Pocos sobrepasan los 50 años.

Las imágenes captadas por satélites han localizado estos campos en las montañas de Corea del Norte. En ellas aparecen las entradas a las minas en las que los presos  trabajan como esclavos, los lugares donde se practican las ejecuciones, las torres de vigilancia y las alambradas electrificadas que rodean los campos.

An Myeong Chul, un antiguo guardia que desertó a Corea del Sur, explica la impotencia ante la dictadura comunista:

"Tenemos este sistema de esclavitud delante de nuestras narices. Los grupos de Derechos Humanos no pueden pararlo. Corea del Sur no puede pararlo. Estados Unidos tendrá que plantear esta cuestión en la mesa de negociaciones".

Sin embargo la política internacional tiene otros intereses. David Straub, alto responsable de la oficina de asuntos coreanos del Departamento de Estado norteamericano durante las administraciones de Bill Clinton y George W. Bush, afirma que este asunto no se ha abordado en ninguna reunión de las conversaciones a seis bandas sobre el programa nuclear norcoreano:

"Hablar con ellos sobre los campos no ha sido posible".

Según el informe, los campos de concentración de Corea del Norte existen desde hace medio siglo. Aunque es imposible obtener cifras precisas, gobiernos occidentales y organizaciones defensoras de los derechos humanos estiman que cientos de miles de personas han muerto en ellos.

La versión oficial norcoreana es que estas instalaciones no existen y, para evitar la presentación de pruebas, las autoridades limitan el movimiento de los extranjeros a los que se permite entrar en el país.

Para Suzanne Scholte, una activista norteamericana que atiende a supervivientes de estos campos, las víctimas de la represión comunista coreana no tienen una figura que les represente:

"Los tibetanos tienen al Dalai Lama y Richard Gere, los birmanos tienen a Aung San Suu Kyi, los darfuríes tienen a Mia Farrow y George Clooney. Los norcoreanos no tienen a nadie".

La historia de Jung Gwang Il

Los supervivientes hablan de ejecuciones sumarias para quitar de la cabeza a los reclusos la idea de escapar. Los guardias matan a presos para evitar a los supervivientes la tentación de planear una fuga. Los internos de más de 16 años son obligados a presenciar los asesinatos.

Antes de las ejecuciones, los oficiales leen un texto sobre "el Apreciado Líder", Kim Jong Il, que "ofrece una oportunidad de redención" mediante los trabajos forzados.

Jung Gwang Il tiene en la actualidad 47 años. Cuando estuvo preso asistió a dos ejecuciones de detenidos en el Campo 15. Cuando fue detenido pesaba 75 kilos. Al final de los interrogatorios no llegaba a los 36. Después de tres años fue liberado. Hoy reside en Seúl, donde ejerce como abogado defensor de los derechos humanos:

 "Casi experimentamos las ejecuciones nosotros mismos. Lo más duro fueron los interrogatorios. Querían que admitiera que era un espía. Me golpearon en los dientes con un bate de béisbol. Me fracturaron el cráneo en dos ocasiones. No era un espía, pero admití que lo era tras nueve meses de torturas. La mayoría de la gente muere de malnutrición, accidentes en el trabajo y durante los interrogatorios.

La gente con perseverancia es la que sobrevive. Los que piensan todo el tiempo en comida se vuelven locos. Yo trabajé duro, por lo que los guardias me seleccionaron para ser el líder de mi barracón, de modo que no tenía que gastar mucha energía y la recuperaba con el maíz".

Los reclusos tienen prohibido cualquier contacto con el mundo exterior y el intento de suicidio está penado con la extensión de la condena. Los guardias pueden golpear, violar y matar prisioneros con impunidad, y cuando las internas se quedan embarazadas sin permiso, sus bebés son asesinados.

El mayor campo de concentración de la Historia

El número de campos de concentración en Corea del Norte ha pasado de 14 a solo cinco grandes instalaciones. Sin embargo sus dimensiones han crecido.

El Campo 22, cerca de la frontera con China, tiene 50 kilómetros de largo por 40 de ancho y alberga a 50 mil reclusos.

La mayoría de los internos trabajan en los campos hasta que mueren. Salvo en el  Campo 15, que se dedican al adoctrinamiento. Si los presos allí internados aprenden de memoria los escritos de Kim Jong Il, son liberados aunque bajo vigilancia de las fuerzas de seguridad.