La Vida, en la fría Mesa de un Consejo de Ministros

La Vida, en la fría Mesa de un Consejo de Ministros

El Gobierno aprueba hoy su anteproyecto de ley más radical, aquel que desoyendo el clamor social se otorga la capacidad para decidir sobre la Vida humana, abandonando a la mujer ante la tragedia del aborto.

REDACCIÓN HO, C.Castro.- La Mesa del Consejo de ministros se ha convertido hoy en una barra libre al aborto. Tan poco le importa el grave problema social que representa el aborto en España a nuestros dirigentes, que la reforma legal no sólo se esconde tras los eufemismos -"Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE)", sino que como si el tema no mereciera un tratamiento específico constituye un apéndice de una reforma más amplia que alude a la "Salud Sexual y Reproductiva" (se adjunta el texto del anteproyecto).

El Gobierno tiene prisas por tramitarlo -tras su aprobación, el anteproyecto se enviará a la Fiscalía General del Estado y al Consejo General del Poder Judicial para proceder cuanto antes a su trámite parlamentario-. La vida se olvida, se convierte en cortina de humo, para distraer y primar intereses políticos en relación con otras cuestiones, como la grave crisis económica, pero nada comparable a loo que nos jugamos con esta reforma proabortista. Ya hemos visto que ni la reforma proabortista ni el polémico anuncio sobre la PDD han merecido la más mínima atención en el ayer acabado Debate sobre el Estado de la Nación, que lo que nos rebela ciertamente es el preocupante estado de los líderes del Gobierno y la oposición...

La iniciativa conjunta desarrollada por los ministerios de Sanidad e Igualdad ha sido elaborada a partir de las recomendaciones de Comité de Expertos nombrados ad hoc para asegurarse el apoyo a unas premias fijadas previamente - aborto libre en las primeras 14 semanas, ampliables a 22 cuando exista "riesgo para la vida de la madre o la integridad del feto", supuesto que se ha revelado como un coladero para favorecer el fraude de ley-, y de una Subcomisión parlamentaria que ha constituido una farsa en su espejismo de diálogo.  El desprecio a las voces discrepantes con la reforma ha sido claro, basta recordar como Biabiana Aído calificaba el pasado 6 de marzo como"fundamentalistas" a quienes se oponen al aborto.

Desprecio a la ley

Una reforma legal cuya defensa se ha basado en las falacias como la de considerar el aborto como un derecho y que niega a la protección como bien jurídico que merece la vida humana desde la gestación que consagra nuestra Constitución (artículo 15: "Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral..."), como así falló el Constitucional (sentencia 53/1985 de 11 de abril), que sentenció sin equívocos que "la vida humana es... un proceso que comienza con la gestación.     

También el Tribunal Supremo se pronunció de manera rotunda en una importante sentencia de 5 de abril de 1995, afirmando entre otras cosas que "el concebido tiene un patrimonio genético totalmente diferenciado y propio sistema inmunológico... (y) puede ser sujeto paciente dentro del útero", de modo que "negar al embrión o al feto condición humana  independiente y alteridad, manteniendo la idea de la mulieris portio es desconocer la realidad". En congruencia con esta idea el Código Civil tiene por persona a todos los efectos favorables al concebido (artículo 29 y 30) y "no hay efecto más beneficioso para el ser humano en gestación, que el de conservar la integridad física y psíquica", de donde se concluye que las lesiones causadas durante la gestación deben tener relevancia penal.

Desprecio a los derechos

No importando este dispositivo legal y jurisprudencia de os más altos tribunales, no le importan tampoco al Gobierno otras normas legales, como la Ley del Paciente (ley 41/2002): así, el radicalismo de la reforma se salta a la torera lo establecido en esta norma para, atentando además contra la patria potestad, favorecer la práctica de abortos a las menores de 16 años en adelante sin necesidad de informar siquiera a los padres o tutores legales.

En este desprecio a los derechos constitucionales se sitúa también el desprecio a la objeción de conciencia, en su empeño por imponer la práctica del aborto a los sanitarios en la red pública. 

Desprecio a la libertad

La reforma supone también un desprecio también  a la libertad, pues el texto de la reforma revela una despreocupación absoluta por el consentimiento informado, que sólo se dará cuando se informe a la mujer con madurez para decidir sobre la realidad del aborto y los graves riesgos que conlleva, descritos como síndrome postaborto.

  • Unos riesgos que desde el punto de vista físico incluyen complicaciones inmediatas -desgarros cervicales, perforación uterina, sangrado y persistencia de restos del embrión dentro del útero...-, o tardías -adherencias o sinequias uterinas; cicatrices e incompetencia cervical, que producen parto prematuro y riesgo de pérdida aumentada del siguiente hijo; el aumento del índice de mortalidad en los dos años siguientes en casi un 50%; aumento de las muertes sépticas en las usuarias de la RU-486 o DIU-Dispositivo intrauterino; riesgo de perforación uterina en hasta un 1,2% de los casos; riesgos de trombosis de la vena ovárica con presentación atípica...-.
  • A ello se unen los graves riesgos psicológicos, entre los que se han descrito la multiplicación por seis del número de suicidios, riesgo más elevado de sufrir ingresos por causa psiquiátrica y depresiones, elevación de la probabilidad de subir un síndrome de estrés generalizado en un 30%, graves alteraciones en las relaciones sexuales y en el deseo sexual, graves alteraciones del sueño, alto riesgo de consumo de drogas...

Desprecio a la sociedad

En medio de todo, la norma supone un desprecio absoluto al clamor social:  el rechazo a la reforma se ha manifestado con rotundidad por parte de los profesionales científicos y sanitarios, como muestra la Declaración de Madrid, a cuyos representantes no se ha prestado la menor atención;  religiosos o voces representantes del materialismo ideológico; de izquierdas y de derechas; profesionales sanitarios -que han sido perseguidos por expresar su rechazo- y sus Colegios; voces sindicales, representantes de discapacitados,  de las familias,  colectivos educativos, víctimas del aborto, supervivientes...

A todos ellos se han sumado los ciudadanos en general, buena muestra de ello fue la marea roja del pasado 29 de marzo, que dejó bien claro que la defensa de la vida no es cuestión de creencias religiosas ni de ideologías.  Una sociedad que ha sido despreciada en el Congreso pero que ha sido capaz, ante la dejadez del Gobierno, de proponer ella misma brillantes alternativas al aborto, como lad ILPs RedMadre, que se han  topado con el desprecio socialista  en todos los parlamentos autonómicos en los que se ha propuesto.

Todo este rechazo rechazo que deja bien claro que la reforma sólo beneficiará a la industria del aborto -con cuyos representantes no ha tenido empacho en renunirse el Gobierno, y hasta han sido sus asesores a pesar de haber sido condenados procesos judiciales-, a costa de la vida de los más indefensos y del sufrimiento de miles de mujeres.