La fe clandestina de los musulmanes convertidos al cristianismo

La fe clandestina de los musulmanes convertidos al cristianismo

<a href="http://www.hazteoir.org/node/20019">&quot;«No nos iremos&quot;: clara respuesta a la matanza de cristianos en Iraq»</a>

En Argelia 50 mil cristianos tienen que vivir escondidos.

REDACCION HO.- En Argelia se está viviendo un proceso de conversiones al cristianismo de antiguos musulmanes que despierta los mayores recelos en las autoridades.

El arzobispo de Argel, monseñor Ghaleb Bader, que vive sometido a la vigilancia permanente de la policía, habla de acoso a la comunidad cristiana, a la que incluso se ha prohibido rezar en el interior de sus viviendas. Las expulsiones de sacerdotes y religiosos también han sido frecuentes.

Casos como el de Pierre Wallez, del que informaba El País el 27.2.08, no son excepciones. El Padre Wallez es un sacerdote francés que fue condenado el 30 de enero de 2008 a un año de cárcel por un tribunal de Maghnia por haber rezado con unos cameruneses católicos que intentaban emigrar a España.

El corresponsal del periódico, Ignacio Cembrero, añadía:

"Una semana después, un tribunal de esa ciudad condenó a tres pastores evangélicos a tres años de cárcel y una multa individual de 500.000 dinares (5.200 euros) por blasfemar y quebrantar la fe musulma, dos delitos recogidos en la ley de 2006.

Bouabdallah Ghamallah, el ministro de Asuntos Religiosos, insiste en sus intervenciones en que en Argelia "hay libertad de culto", pero justifica los veredictos. Los que montan iglesias clandestinas en garages, sótanos o casas particulares "caen en la ilegalidad", subrayó. "Desprecian la legislación y se colocan fuera de la ley".

"Un extranjero que pide a un argelino que cambie de religión atenta contra su dignidad", sostuvo Ghamallah ante los micrófonos de la radio pública. "Tenemos la impresión de que asistimos a un renacimiento del proselitismo del siglo XIX", se lamentó.

"Desde hace un tiempo, el proselitismo", denuncia, por su parte, el jeque Bouamran, presidente del Alto Consejo Islámico, "se ha convertido en un fenómeno más visible y cínico que antes de la independencia", cuando los padres blancos franceses recorrían el país.

Por eso invitó públicamente a los servicios de seguridad a que tomen cartas en el asunto. Si la seguridad debe investigar es porque esos grupos tienen vínculos con Occidente. Los evangélicos "buscan constituir una minoría que dará un pretexto a las potencias extranjeras para inmiscuirse en los asuntos internos de Argelia", advirtió el ministro Ghamallah.

El presidente del Consejo de los Ulemas (doctores de la ley islámica), Abderramán Chiban, confirmó la injerencia extranjera cuando narró, la semana pasada, su entrevista con un diplomático de EE UU que le preguntó por "la persecución de los cristianos". "Le respondí que los musulmanes sí que están siendo perseguidos por los cristianos en sus países", afirmó con aplomo."

Desde Argel, Beatriz Mesa firma hoy en El Periódico un reportaje sobre los conversos argelinos. Lleva por título Unos 50.000 argelinos convertidos al cristianismo practican su nueva religión casi en la clandestinidad:

""No he encontrado el camino de Dios en el islam", dice, con asombroso coraje, Samir. Una frase ultraprofana para la mentalidad musulmana que no deja de acarrearle problemas a este argelino de 25 años.

Abandonó el Corán y la mezquita y dejó de rezar cinco veces al día. Sus nuevos preceptos se recogen en el cristianismo, religión que adoptó hace nueve años.

Entra por las puertas del arzobispado situado en un barrio popular de la capital, pero antes se detiene un instante para señalar una pequeña iglesia cuya campana dejó de sonar hace más de una década, cuando el Gobierno argelino la cerró, como hizo con todas las demás.

Samir ignora las depredadoras miradas de los policías que, vestidos de paisano, flanquean el edificio del arzobispado para vigilar cualquier movimiento que pueda quebrar algún principio del islam. "¡Nunca!", "¡Nunca!", responde cuando se le pregunta si tiene miedo a la represión o a la cárcel por practicar un culto no musulmán.

Cruzada

Parece algo nervioso y sus manos no dejan de sudar, pero no porque tema por su vida al estar cometiendo apostasía", según los islamistas. Es la primera vez que le entrevistan. De padres musulmanes, aunque no practicantes, el joven converso denuncia la cruzada contra todo culto no islámico en Argelia.

Estas prácticas religiosas se desarrollan con la máxima discreción para esquivar a los tribunales o evitar astronómicas multas.

Para vengarse de los enfrentamientos en los que se vio envuelto a causa de un collar con la cruz de Cristo que colgaba de su cuello y de los tirones diarios recibidos por parte de la policía, decidió tatuarse en el pecho la cruz cristiana. "A ver quién se atreve ahora a arrancármela", insiste, mientras se desabrocha la camisa para dar prueba de su "amor a Dios". "¡Puedes sacar la cámara si quieres!", exclama.

Samir es casi una excepción. Cristiano, convicto y confeso, arriesga mucho declarándose públicamente converso. De momento ha perdido su trabajo como cocinero en un prestigioso restaurante de Argel, y también a un amigo, que la última vez que lo vio le espetó: "Yo no soy más tu hermano".

Para la mayoría de los conversos --más de 50.000, casi todos protestantes-- el miedo no es solo a tener que purgar una pena de seis meses de cárcel, sino a ser expulsados del domicilio familiar y a perder amigos.

Estos temores les obligan a practicar la religión de forma clandestina. "La presión social es mucho más fuerte que la de las autoridades, y no todo el mundo lo soporta", continúa el joven que antes de marcharse esconde una Biblia bajo su chaqueta. Con dos textos religiosos ya se comete el delito de hacer proselitismo, por el que curas y monjas han sido expulsados en los últimos años.

Acoso endurecido

El arzobispo de Argel, monseñor Ghaleb Bader, recibe a EL PERIÓDICO en su despacho, y aún recuerda con cara apenada la expulsión el pasado año del pastor Hugh Jones, de 74 años, quien pasó toda su vida en Argelia. "¡45 años viviendo en este país! ¿Te acuerdas de su caso?", pregunta Bader, aún sorprendido.

A su juicio, la creciente presencia de argelinos cristianos y la repercusión que tuvo en los medios de comunicación llevó a las autoridades a endurecer el acoso contra la comunidad cristiana. Desde el 2006, una ley castiga por rezar fuera del templo. "Ni siquiera puedes orar en tu casa", dice indignado. La ley ha puesto fin a toda tolerancia con los encuentros entre curas e inmigrantes en el bosque, por ejemplo.

Bader lleva solo cinco meses en el país y desde que se levanta hasta que se acuesta, es vigilado por la policía secreta. Pero no pierde su optimismo. "Sí, hay presión, pero no pueden meter en la cárcel a los 50.000 convertidos". Según Bader, el avance del cristianismo es un hecho que responde a la desconfianza de la población hacia los musulmanes fundamentalistas que, integrados en Al Qaeda, "matan en nombre de Alá"."