Católicos y liberales: el caso de la COPE y Jiménez Losantos

Federico Jiménez Losantos
"¿Cuál es la potencia creativa real de un catolicismo social español para generar Losantos católicos?"

REDACCION HO.- Con el título de Las presiones a la COPE. Una derrota del catolicismo social, la Fundación Burke publica una interesante reflexión sobre "el acercamiento progresivo entre el mundo laico y liberal, que se halla en el proceso de abandonar viejos resabios antirreligiosos, y el mundo católico, que comienza a no identificar al liberalismo como su enemigo."

Desde un planteamiento conservador "y, por ello, no liberal", el texto se pregunta por qué el catolicismo social español no es capaz de generar un Losantos católico.

Es una pena que el autor de tan sugerente análisis no aborde también hasta el fondo la cuestión del funcionamiento de las empresas de comunicación que se presentan como católicas.

Sigue faltando en nuestro país un análisis riguroso y sobre todo valiente, esto es, sincero, acerca de las empresas de comunicación católicas en los tiempos actuales, y aun del propio periodismo católico, si es que existe como tal en nuestro país.

La tarea de profundización que en este sentido se llevó a cabo a mediados del pasado siglo no ha tenido continuidad, salvo raras y notables excepciones puntuales. Pero el análisis de la Fundación Burke constituye una buena base para empezar a reflexionar a propósito de tan (al parecer) inextricable asunto:

"El discurso [de Jiménez Losantos] es liberal, sí, pero de un liberalismo que él, con toda conciencia, ha querido integrar dentro de un planteamiento político (es decir, de acción moral y práctica) más amplio, que incorpora y abarca al grueso fundamental de la derecha española.

Federico Jiménez Losantos ha procurado el acercamiento a un amplio sector de población coincidente en un núcleo fundamental de ideas básicas, a saber: la defensa y promoción activa de un concepto de España, la protección de instituciones básicas de la sociedad (fundamentalmente, la familia y la libertad subsiguiente que ésta tiene en justicia para educar a sus hijos), la defensa de la vida humana y de su dignidad insoslayable, junto a principios políticos esenciales como el de legalidad y el de limitación del poder político.

La salvaguarda de estos valores la ha llevado a cabo frente a un Estado autonómicamente elefantiásico que cada día que pasa más se convierte en una máquina trituradora de cualquier libertad fundamental.

Un Estado que, mediante un imperialismo ideológico y práctico avasallador, amenaza con dejar a la sociedad española absolutamente inerte, si es que no indefinidamente muerta.

No cabe duda de que Jiménez Losantos ha obtenido un éxito notable en sus objetivos, sustentado en parte, justo es decirlo, en la cualidad del medio desde el que ha transmitido su discurso: nada menos que la radio oficial de los católicos.

Además, la presencia de Federico en una radio oficialmente católica expresaba de un modo paradigmático un aspecto particularmente interesante que se está produciendo en las últimas décadas: el acercamiento progresivo entre el mundo laico y liberal, que se halla en el proceso de abandonar viejos resabios antirreligiosos, y el mundo católico, que, ante la presencia casi hegemónica en los ámbitos cultural y político de fuerzas infinitamente más nihilistas y totalitarias, comienza a no identificar al liberalismo como su enemigo.

Este acercamiento no es el resultado de una confusión en los principios o de renuncias a la identidad de cada uno, sino una cooperación fructífera y necesaria en lo político (es decir, insistimos, en la acción, la movilización y la consecución de logros comunes).

Basta leer el prólogo que el papa Benedicto XVI ha escrito para la última obra del que fuera presidente del Senado italiano Marcello Pera para darse cuenta del calado e importancia de este acercamiento.

Para algunos, sin embargo, esta presencia de Jiménez Losantos en un medio oficialmente católico ha sido una fuente constante de irritación. ¿Por qué un agnóstico (o un protestante) tiene que aprovecharse de un medio que le es ajeno?

Algunos se han enquistado en esta objeción. Otros, por el contrario, hemos visto lo que se daba de positivo en este hecho; Jiménez Losantos, en su calidad de no acomplejado por la izquierda cultural y mediática, ponía de manifiesto lo atractivo que puede llegar a ser un discurso de derechas cuando éste se presenta con la suficiente claridad y frescura.

Lejos de considerarlo como un competidor molesto y un extraño, desde nuestro planteamiento conservador y tradicional -y, por ello, no liberal- vemos en él una fuente de estímulo para desear hacer, al menos con igual frescura y desparpajo, un discurso de derechas que sea a la vez renovador y tradicional.

Esta confluencia es la que ha protagonizado la respuesta cívica de la derecha española más importante de las últimas décadas, frente al Gobierno más sectario y radical que existe hoy en Europa.

Respuesta cívica, por cierto, en la que Jiménez Losantos ha desempeñado un papel transcendental que es necesario reconocerle.

La esfera propia de la Iglesia es la evangelización, pero en tanto que propietaria de un medio de comunicación social, es ese medio de comunicación el que está llamado a juzgar y opinar sobre la realidad global de lo que sucede en un país, y no puede abstraerse de tomar partido en cuestiones cuya categoría es de una naturaleza distinta a la evangelización.

Ser católico implica también una moralidad ante la realidad de las cosas. Un compromiso con las verdades particulares en todos sus órdenes.

Veamos un ejemplo. En las elecciones norteamericanas de 2004 compitieron un protestante conservador, partidario de la libertad de educación y antiabortista: Bush, y un devoto católico estatalista y defensor del aborto: Kerry. ¿Debía condicionar el credo particular de cada candidato el voto de cualquier católico sensato y congruente?

Como ejemplo patrio sirva el hecho de que, salvo alguna honrosa excepción previa -Ricardo de la Cierva-, hayan tenido que llegar algunos historiadores no católicos -los más conocidos, César Vidal y Pío Moa- para romper el silencio que amplísimos sectores católicos, otrora influyentes, sostenían sobre lo que realmente fue la guerra civil española.

Si los católicos queremos hacer un juicio sobre la realidad completa hemos de ver que hay una dimensión religiosa y una dimensión política y cultural que conviene distinguir; no separar, pero sí distinguir.

Hay una dimensión accesible a toda persona no ideologizada, con independencia de sus creencias, que ayuda a edificar una forma mentis conservadora, de lucha por la libertad, a favor de la virtud y de la defensa de las estructuras naturales y contra el progresismo totalitario.

De un modo inteligente y constructivo, con sentido integrador de todo lo que hay enfrente del sectarismo izquierdista, se hace necesario luchar por la libertad de educación, por la familia, por la regeneración de lo que hoy ya es un estercolero manejado a patadas por el capricho de una oligarquía política y económica.

Por ejemplo, ¿acaso se puede abstraer el catolicismo social de lo que supone esta decisión en términos de libertad de expresión? Como católicos, y en términos de lo que supone el ejercicio crítico de un medio de comunicación (es decir, de una naturaleza distinta a la estrictamente eclesial), nos sentimos mucho más cerca de un Jiménez Losantos que de innumerables grupos y sectores del catolicismo progresista o nacionalista.

¿Cuál es la potencia creativa real de un catolicismo social español para generar Losantos católicos?

Si por circunstancias históricas o coyunturales no se ha generado nada así, ¿debemos por ello renunciar (en este caso dinamitar) a construir un espacio público de libertad y de regeneración social? ¿No es acaso esto mucho más católico?

El catolicismo social no puede renunciar a tener criterios claros sobre lo que pasa políticamente en España.

Tal vez alguien en el mundo católico tenga que repensar cuál es el régimen político real en el que vivimos. Tal vez algunos sectores de la Iglesia deban reflexionar si se quiere seguir siendo un actor más en el gran juego del consenso político -que no social- español.

Con la singularidad añadida de ser el único actor que juega contra sus propios intereses, quizás porque no se han enterado aún de cuáles son las reglas de este consenso."

El artículo completo se puede leer en Las presiones a la COPE. Una derrota del catolicismo social.
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Lo cierto es que hay muchos

Lo cierto es que hay muchos mas periodistas valientes y catolicos, quizas algunos conocidos y otros por conocer, empezando por Cristina Lopez Schirting. Es que siempre es la COPE la que hace al periodista y no al reves. No hay que divinizar tanto a FJL: El que haya hecho un imperio mediatico y economico gracias a la propaganda desde la Cope no quiere decir que sea imprescindible Porque el fin nunca puede justificar los medios, y menos aun en un medio cuyo fin ultimo es evangelizar. Porque carecer de principios no ya catolicos no puede ser la solucion, Alguien que al parecer declara publicamente su apoyo al aborto libre y que silencia o reduce las noticias de los movimientos sociales en defensa de la vida, o que utiliza el insulto y la vejacion para la critica politica etc, desde el Rey para abajo.., no deberia tener una plataforma publica cristiana, porque en cierta manera nos representa a todos los creyentes. `No es estraño que nos llamen fariseos, y que le utilicen como granero de votos para ganar en las campañas electorales, hasta el mismisimo Felipe Gonzalez . .

Si por circunstancias

Si por circunstancias históricas o coyunturales no se ha generado nada así,... Tendencioso artículo, aunque supongo que bienintencionado. Está lleno de medias verdades. Si Pío Moa y Losantos gozan de tanto predicamento entre los católicos se debe, en efecto, a lo buenos comunicadores que son, cada uno a su estilo. Pero no olvidemos que a ambos les ha venido de miedo publicitariamente su pedigrí de lucha antifranquista, exhibido hasta la extenuación, algo que ellos no dejan de criticar cuando son otros quienes presumen de tales hazañas. Entre otras circunstancias históricas o coyunturales por las que los católicos no valoramos a otros católicos en el mundo de la cultura y la política se encuentran nuestros propios complejos. Los propios católicos somos propensos a valorar más los discursos en la vida pública hechos por no católicos que por católicos, nos gusta encontrar que alguien allende la Iglesia dice algo parecido a lo que dice la Iglesia. Puede tener su lógica siempre que no se termine idolatrando a esas personas. Pensar seriamente que apartar de las ondas episcopales al linchador mediático, por ejemplo, de Aquilino Polaino, al mayor publicista del diario El Mundo y a quien se pone de perfil cada vez que sale a relucir el asunto del aborto, porque defiende él mismo una ley de plazos, es una derrrota del catolicismo social resulta de una candidez asombrosa. Queda mejor el discurso de la libertad y el de los dineros de la COPE, que es el que no por casualidad han empleado los interesados.

Sobre esta cuestión

Sobre esta cuestión recomiendo el excelente artículo que firma hoy Ignacio Sánchez Cámara en La Gaceta de los Negocios:

 

http://www.gaceta.es/19-04-2009+zorro_que_admiraba_erizos,noticia,3,4,54178