Peces: "Los obispos son enemigos de la democracia, como los ayatolás de Irán"

Peces: "Los obispos son enemigos de la democracia, como los ayatolás de Irán"

Sostiene que el Gobierno ha hecho grandes esfuerzos por complacer a la Iglesia y propone denunciar los Acuerdos con la Santa Sede.

REDACCION HO.- En una kilométrica entrevista aparecida en una web que presume de "alentar proyectos de sociedad y de iglesia liberadores y participativos desde la base", Gregorio Peces Barba, el hombre que ha estado detrás de operaciones tan sucias como el intento zapatero de destrucción de la unidad y el prestigio ciudadano de las víctimas del terrorismo, o la no menos turbia operación de adoctrinamiento desde el sistema educativo, aborda las relaciones Iglesia-Estado desde su peculiar óptica.

Instalado, como es característico en él, en esa superioridad moral e intelectual en la que la izquierda pretende verse a sí misma, las opiniones que Peces va desgranando ponen en evidencia el fundamento sectario del socialismo contemporáneo, mezcla de dogmatismo y manipulación histórica. 

Los enemigos de la democracia

Dando muestras del nivel analítico propio de un estudiante de instituto público, Peces empieza por considerar a los obispos seres retrógrados enemigos de la democracia. Refiriéndose a los cardenales Cañizares, Rouco y García-Gasco, afirma:

"Para los obispos no pasa el tiempo. Es la misma doctrina que entre los años 30 y 80 del siglo XIX sostenía la Santa Sede. Son enemigos de las libertades modernas, enemigos de la democracia.

Pero ahora, dando un salto mortal, presentándose como si fueran justamente sus defensores únicos. Se confirma lo que yo siempre he dicho: estos señores tienen una especie de inocencia histórica por la que ellos nunca han sido responsables de nada de lo que ha ocurrido en la historia. Es lamentable. Siguen siendo unos enemigos de la democracia.

Si ellos pudieran, serían como los islamistas radicales, no, evidentemente, en el tema de la violencia extrema, pero sí en la pretensión de mandar por encima del poder democrático legítimamente elegido (al modo de los ayatolás de Irán)."

En relación con las relaciones Iglesia-Estado, Peces sostiene que el PSOE ha tenido una paciencia infinita frente las múltiples agresiones de las que, según él, ha sido objeto por parte de la Iglesia:

"Creo que ese principio de que no hay guerra entre dos si uno no quiere se ha demostrado falso en el caso que nos ocupa, pues el Gobierno de España ha tenido una paciencia tremenda, ha hecho un esfuerzo enorme por mantener el statu no revolver asuntos que realmente son escandalosos.

Y, a pesar de todo, la Iglesia ha seguido atacando de manera durísima, con manifestaciones públicas, actuando, en realidad, como un partido político de extrema derecha y dejando fuera, naturalmente, a gran cantidad de personas creyentes que no están de acuerdo con estas tesis de los obispos.

Los obispos siguen manteniendo sus tesis pese a que el gobierno está queriendo mirar para otro lado en cosas que yo creo que no va a tener más remedio que abordar en la nueva legislatura."

Iglesia y masonería son lo mismo

Tras dejar clara la magnanimidad y generosidad de su partido y de su gobierno, Peces insiste en la maldad intrínseca de la Iglesia e "ilumina" a sus entrevistadores sobre las diferencias entre laicismo y aconfesionalidad, para acabar equiparando Iglesia con masonería:

"Hay tesis de autores de la extrema derecha y grupos radicales, como son los Legionarios de Cristo o sectores del Opus Dei, que dicen que una cosa es la aconfesionalidad y otra la laicidad. Pero no hay tal diferencia. Ambas cosas son lo mismo.

Se trata de la separación de Iglesia y Estado y supone el reconocimiento de la libertad religiosa y de conciencia, complemento al reconocimiento de la libertad ideológica en cuanto reconocimiento de aquellas organizaciones que no son religiosas, como es, por ejemplo, la masonería. Y la separación entre la Iglesia y el Estado es, a mi modo de ver, la clave, junto con el pluralismo, que rompe con la idea de que la Iglesia es la única interlocutora."

Partidario de romper los Acuerdos con la Santa Sede

La solución final al problema religioso que, al parecer, tiene Peces es simple: reescribir la Historia, volver atrás y rectificar la transición.  Buen mentor del zapaterismo, de sus aventuras de revisionismo histórico disfrazadas de "memoria", de su afán de adoctrinamiento pintarrajeado de educación cívica, Peces quiere hacer otra transición. Y no otra cosa por cierto ha intentado el PSOE desde la llegada a la secretaría general de Rodríguez:

"Creo que cometimos un error al aceptar en la Constitución la mención expresa de la Iglesia católica, pero se hizo porque no nos pareció que aquello fuera tan relevante. Y pensamos, además, que los obispos tendrían más buena fe de la que han tenido.

Pero nos equivocamos. Y ellos lo han utilizado como para poder pensar que el Estado tenía que mantener una relación privilegiada con la Iglesia católica. Pero eso no es cierto.

Creo que eso habrá que ponerlo en cuestión en algún momento, replanteando temas como los Acuerdos con la Santa Sede, la enseñanza de la religión, la responsabilidad jurídica y económica sobre los profesores de religión o, por ejemplo, los símbolos religiosos, católicos concretamente, en los actos públicos. Son cosas que tienen que ir desapareciendo." 

Educación para la Ciudadanía y homosexualidad

Para Peces la Iglesia debe desaparecer a la mayor velocidad posible, al menos, de la educación, para lo cual solo hay que llamar al orden al Tribunal Constitucional:

"La Iglesia no puede tener dos raseros. Creo que eso está incluso prohibido en el Evangelio. No se pueden aceptar los cambios que nos convienen y rechazar los que nos comprometen.

Por ejemplo, los Acuerdos sobre educación, que son claramente inconstitucionales. Porque no se puede dar a la religión el mismo tratamiento que a las llamadas asignaturas fundamentales.

Tampoco han sido capaces de aceptar la "Educación para la Ciudadanía", que es una asignatura absolutamente transparente que se da en todos los países de la Unión Europea.

Se puede aceptar que hay alguna materia, como, por ejemplo, el tema del matrimonio homosexual, que puede entenderse que no fuera conveniente que los chicos recibieran esa enseñanza.

En todo caso, si en un centro se prescindiera de explicar ese tema, no pasaría nada, pues no pertenece al núcleo de la asignatura. Y desde luego tendría que dejar de explicarse si el Tribunal Constitucional decide un día que no es constitucional.

Pero si el TC decide que es constitucional, entonces no veo motivo alguno por el que no deba impartirse."

La ley natural no existe

O en todo caso, se intenta que no exista a base de sustituirla por una suerte de "educación para la ciudadanía" aplicada a la Historia de la Humanidad. Dicho en palabras de Peces, al legado cultural y espiritual occidental, fundamentado en el cristianismo, se contrapone "la ética institucional, la ética civil de las sociedades", una ética cuyo origen no se atreve a señalar:

"Una de las conquistas de la Modernidad es la distinción entre la ética privada y la ética pública. La ética privada es la ética individual, personal, y ahí las iglesias pueden hacer sus propuestas.

Pero al producirse la separación entre el derecho y la moral, cuando por la ruptura religiosa y la secularización ilustrada Dios deja de ser el fundamento último de la moralidad, desplazado por la idea de la naturaleza humana, surge la idea de la ética pública, que no es otra cosa que la idea de justicia que viene desde Aristóteles y constituye la ética institucional, la ética civil de las sociedades.

Y concretamente, la ética pública de las democracias, en la que se incluyen la separación de poderes, el sufragio universal, libertad de conciencia y los Derechos Humanos.

Y la Iglesia no puede imponer su idea de salvación a la sociedad, ni siquiera su idea de felicidad o virtud. No es aplicable a toda la sociedad, y menos pretender que esté por encima de las propuestas de la ética pública. Por eso, el lema de la ética pública no es: "la verdad nos hará libres", sino, al revés, es "la libertad la que nos hace más verdaderos".

Crucifijos no, burkas sí

Como colofón a la entrevista, Peces propone al Gobierno que denuncie los Acuerdos con la Santa Sede y que retire de una vez los crucifijos y demás símbolos católicos. Eso sí, cuidando de no hacer lo mismo con los símbolos de otro signo:

"El no haber retirado el crucifijo responde a la voluntad de no irritar más la piel de los señores obispos. Pero es incoherente, como incoherentes son los actos religiosos celebrados en medio de actos públicos.

En cuanto a los otros símbolos, como el velo islámico, yo creo que en España no hay problema especial como en otros países, Francia, por ejemplo, donde van contra los principios republicanos.

Meterse en nuestro país con esos símbolos implicaría extender la prohibición a otros símbolos semejantes, como es el hábito de religiosos y religiosas, o de sacerdotes especialmente integristas. Pero esta intervención no tiene en este momento mucho sentido, y desde luego no constituye un problema especial en nuestro país."

La entrevista completa se puede leer en Gregorio Peces-Barba.