Montse, víctima del aborto: "nadie me ayudó: lo importante eran los 60 euros"

El sufrimiento de la mujer es indiferente cuando sólo importa el negocio del aborto
Montserrat abortó en el centro Les Corts de Barcelona el pasado octubre. Ahora sufre un profundo síndrome post-aborto. Vio "los bracitos y las piernecitas" de su hijo en el mismo centro de abortos. No dejó de llorar, no quería abortar. Como todo consuelo la enfermera le dijo que "no te preocupes: en 15 días puedes volver a quedar embarazada".

ALBA, por Luis Losada Pescador.-  "Los centros de abortos se lucran con el sufrimiento de las mujeres". Este es el resumen de Montserrat, nombre ficticio de una mujer catalana que el pasado mes de octubre abortó en el centro Les Corts. Montserrat ya es madre de dos hijos y sufre apreturas económicas. Se quedó embarazada del tercero y su pareja no quiso saber nada. "Yo estaba atemorizada porque el padre de mi segundo hijo también desapareció y no quería volver a sufrir lo mismo".

Así que acudió a Salud y Familia de la Generalitat de Cataluña pidiendo apoyo. "Me dijeron que en mi caso lo que tenía que hacer era abortar; no me dieron otra alternativa". La administración catalana le dio los cheques verdes con los que se abonan los abortos concertados. "Sólo tuve que pagar 60 euros; fue toda la ayuda que me ofrecieron".

Escogió el centro Les Corts "porque era el que más garantías me ofrecía". Montserrat había oído hablar de las irregularidades de los centros de Morín y optó por otro diferente. "Solo me llamaron para recordarme que llevara los cheques verdes". Acudió con los tristemente famosos cheques. "Entré llorando, yo no quería abortar". Por supuesto, nadie se preocupó de su llanto. Lo importante eran los cheques verdes y los 60 euros.

¿Cómo fue? "Primero me hicieron la ecografía para confirmar el embarazo y el tiempo de gestación". La pantalla del ecógrafo no estaba girada -como suele- y Montserrat lo vio todo. "Estaba ahí mi hijo; se le veía perfectamente los bracitos y las piernecitas". Además, le informaron de que estaba de siete semanas. "No es cierto; yo estaba de ocho semanas; una semana antes yo había estado con mi ginecólogo y me había dicho que estaba de siete semanas, había escuchado su corazón...". Montserrat se pone a llorar durante la entrevista.

A Montse le dijeron que no se preocupara, que era un conjunto de células. "Pero yo sabía que no es así, que era mi hijo; lo había visto en la ecografía". Así que siguió llorando. La pasaron entonces a la psicóloga. Montse le contó que estaba muy mal, que no sabía qué hacer, que estaba en tratamiento psiquiátrico, que había tenido dos intentos de suicidio. "La psicóloga me dijo que lo mejor en mi caso era abortar". Le dio un tranquilizante de acción inmediata. Pero Montse seguía llorando. En el fondo no quería abortar. Pero la presión era mucha. Su pareja le había abandonado.

Pidió entonces ver a su amiga y hermana que le aguardaban en la sala de espera. "Mi hermana me vio y me dijo: ‘Montse, vámonos'". En el centro no le dejaron marcharse. La pasaron al quirófano. Ella seguía llorando. Pero al personal ‘sanitario' le siguió dando igual. Ella sabía que estaba acabando con la vida de su hijo, que lo que estaba haciendo "no estaba bien". Pero les dio igual.

"Noté un pinchazo por abajo". Eso fue todo. En el cuerpo. Porque el alma quedó tocada. "Estaba angustiada, no quería seguir ahí, sabía que me había dejado a mi hijo ahí". Así que se marchó sin la preceptiva recuperación. "Apenas estuve una hora en total; me podía haber desangrado, pero les dio igual". Montse abandonó el centro llorando. Por todo consuelo una enfermera le dijo: "No te preocupes, en quince días podrás volverte a quedar embarazada".

La angustia de Montse era total. No quería estar en el centro, pero tampoco quería regresar a casa. Se le había hundido el suelo. No sabía dónde ir ni qué hacer. Regresó a casa en metro, sangrando. Desde entonces, llora todos los días por el hijo que no fue. El aborto no ha solucionado su problema social. "Habríamos tirado para adelante como fuera". Tampoco el psiquiátrico. "Lloro todas las noches y todos los días; tengo miedo porque tengo dos antecedentes de suicidio; estoy fatal", señala entre sollozos. Padece un claro síndrome postaborto. "Me castigo a mi misma: me pongo a ver videos de abortos en internet".

Montse sobrevive ahora gracias al apoyo social y psicológico de la Asociación de Víctimas del Aborto. Ahora debe integrar el duelo por la pérdida de su hijo. Tiene que aprender a vivir con el dolor de esa pérdida sin que esa falta le invalide para una vida normal. Y sobre todo, debe aprender a perdonarse. "Yo no voy a la Iglesia, pero el otro día hablé con un cura porque necesitaba hablar con alguien". ¿Qué le dijo? "Que él me ha perdonado y que Dios me ha perdonado". Ahora sólo le queda perdonarse a si misma. "Yo no me puedo perdonar; he dejado que mataran a mi hijo".

Ninguna mujer quiere abortar

Es el desgarrador testimonio de una víctima del aborto. Por supuesto, no es la única. Ni tampoco un caso aislado. "Ninguna mujer quiere abortar", reiteran desde la Asociación de Víctimas del Aborto. Y es que según los estudios de AVA -corroborados por el ministerio de Sanidad- el 87% de los abortos provocados se explican por la presión o abandono de la pareja. En los casos adolescentes, existe presión por parte de la familia y en los casos de mujeres trabajadoras, ‘mobbing maternal': discriminación laboral de la embarazada por el hecho de estar embarazada. Conclusión: no es verdad que la práctica del aborto sea libre.

En cambio, la única certeza es que los centros de abortos parecen más preocupados por la cuenta de resultados que por la salud de las mujeres. El caso de Montse es de libro: sus lágrimas evidenciaban la ausencia de voluntad; su abandono sin tratamiento, la despreocupación de los centros de abortos por su salud. El cinismo se hace patente cuando por una parte le dicen que se trata sólo de unas células y por otra le tratan de tranquilizar diciéndole que "no se preocupe" porque en 15 días podrá volver a quedar embarazada. Es la dura realidad del aborto en España. Ese que se quiere ampliar todavía más. ¿Qué les dirías a los diputados que trabajan en la subcomisión para reformar la Ley del Aborto? "Por favor, que no lo legalicen; no saben el sufrimiento de las mujeres que está detrás; los centros de abortos sólo quieren lucrarse con el sufrimiento de las mujeres".

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