Padres de Alzira y El Puerto de Sta. María consiguen objetar, pese a las trabas que les ponían los centros
Las mentiras y las presiones de algunas direcciones de centros educativos no logran impedir casi nunca que los objetores a EpC ejerzan su derecho. Alfa y Omega ha publicado un artículo que narra los casos de una familia valenciana y de otra gaditana.
REDACCIÓN HO.- Como las organizaciones promotoras de la objeción a EpC han denunciado reiteradamente, son numerosos los casos en que las familias que han optado libremente por ella son víctimas de presiones y de intentos de engaño por parte de las direcciones de los centros en que estudian sus hijos, obsesionadas por tratar de impedirles el ejercicio de su derecho.
En casi todas esas oportunidades se impone la razón que les asiste y sus hijos permanecen ajenos a las enseñanzas por las que sus padres han decidido objetar.
A continuación reproducimos el artículo publicado por Alfa y Omega (Nº 610 / 9-X-2008) y firmado por A. Llamas Palacio.
Los objetores a Educación para la ciudadanía salen victoriosos de sus batallas con los centros
Padres que no aceptan un No
Los obstáculos con los que se encuentran los padres objetores no provienen sólo del Ministerio. Un buen número de padres se encuentran con la oposición de los directores de los centros a tramitar su objeción e, incluso, a ocuparse de los niños mientras se imparte Educación para la ciudadanía. En Alzira, por ejemplo, una familia llegó a plantear la posibilidad de acudir con un notario al Instituto, si el director no tramitaba la objeción. Resultado: el centro tuvo que ceder.
El día a día de los padres objetores a Educación para la ciudadanía puede resultar, en demasiadas ocasiones, una carrera de obstáculos. Sin embargo, estas familias son capaces de llevar a las últimas consecuencias la defensa de sus derechos. Fáxes a los centros que ponen trabas a su derecho a objetar, conversaciones con la dirección del colegio e, incluso, la presencia de un notario que levante acta de las acciones desafiantes de un director contrario a la objeción, son pasos que muchos padres han dado para no conformarse con un No de la Administración. Y con excelentes resultados: en las horas previas al cierre de esta edición, dos familias que estaban sufriendo la oposición de sus centros lograron hacer valer sus derechos.
La unión hace la fuerza
Una de esas familias victoriosas en su objeción es la de Bernardo y Rosa, padres objetores de Alzira, en Valencia, que hace unas semanas tuvieron que sufrir cómo la Secretaría del instituto público donde está matriculada su hija se negaban a tramitar la objeción a EpC. «Cuando fuimos a llevar la objeción -relata don Bernardo-, en la Secretaría nos preguntaron qué clase de papeles eran ésos. Al explicarles lo que era, nos dijeron que no lo podían coger, después nos mandaron a hablar con la profesora, más tarde dijeron que la documentación no valía y, al final, incluso dijeron que no tenían carpeta donde archivarla. Como se estaban burlando de nosotros en la cara, pedimos hablar con el director, y nos dijeron que para otro día». Lejos de desanimarse, Bernardo se puso al habla con la plataforma Valencia Educa en Libertad, donde les asesoraron, y llegaron a plantear la posibilidad de acudir al centro con un notario que levantase acta de la actitud ilegal de la dirección, pues ésta está obligada a tramitar las objeciones que le lleguen. «Al fin, el martes por la mañana nos cogieron la objeción, porque hubo una reunión con más padres que también han objetado, y al centro no le ha quedado más remedio que aceptar las objeciones y encargarse de los alumnos a la hora de Educación para la ciudadanía. La unión hace la fuerza», comenta Bernardo, con satisfacción.
Su caso no es muy distinto del de doña Mariola Sánchez, madre objetora del Puerto de Santamaría, en Cádiz. Aunque, en este caso, el centro no es un instituto público sino un colegio concertado de religiosas carmelitas. «Al principio -cuenta Mariola- me pusieron bastantes pegas para objetar, porque decían que no entendían por qué no quería que mi hijo entrase en clase, dado que iban a dar EpC adaptada al ideario. Yo les dije que era imposible adaptarlo, y que en su libro (de la editorial SM) se hablaba de una sociedad al margen de Dios. Después me decían que no se podían quedar con el niño, cosa a lo que están obligadas, y que tenía que ir yo a recogerlo al colegio y ocuparme de él durante la hora de EpC (algo ilegal, y que daría pie a acusar al alumno de absentista)». Tras ponerlo en manos de los abogados de la plataforma Julio Ignacio Pastrana, del Puerto de Santamaría, los problemas comenzaron a solucionarse. «Al final, la directora me recibió el lunes, y me dijo que se iban a encargar del niño, que admiraba mi tenacidad y mi solidaridad hacia las familias que están en centros públicos. Por la ayuda de la plataforma y por la tenacidad se han terminado los problemas con el colegio y la relación con la directora es otra vez buena, como siempre», relata aliviada Mariola.
Fax para directores díscolos
A pesar del éxito de ambas familias, otras aún están pasando apuros en su relación con los centros. Por eso, Profesionales por la Ética ha redactado un modelo de fax, al que ha tenido acceso Alfa y Omega, que ayude a los padres a poner los puntos sobre las íes a los directores obstruccionistas y que, tras un argumentario legal impecable, comunica al equipo directivo «que se abstenga de presionar a mi hijo para que asista a clase de EpC, pues de lo contrario me veré obligado a emprender acciones legales». Y, a juzgar por cómo los objetores defienden sus derechos, no parece una mera amenaza sin fundamento.
A. Llamas Palacios.
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