La enfermedad lleva a descubrir el sentido de la vida
La eutanasia y el valor de la vida enferma han sido temas protagonistas en el Meeting de Rimini, a través de la historia de Silvie Menard, prestigiosa oncóloga francesa que durante años ha estadi trabajando entre enfermos graves, hospitalizaciones y tumores.
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ZENIT.org, RÍMINI, Por Antonio Gaspari, traducido del italiano por Nieves San Martín.- Había ya escrito el testamento biológico pero apenas descubrió que estaba enferma de cáncer cambió de opinión. Es la historia de Silvie Menard, francesa, casada con un italiano, oncóloga, consultora del Centro de Oncología experimental del Instituto Nacional de Tumores de Milán, Italia, y especializada en el estudio del cáncer y de los nuevos fármacos para combatirlo.
Ha contado su experiencia en el curso del encuentro "¿Medir el deseo infinito? La calidad de vida", que tuvo lugar en el Mitin de Rímini el 26 de agosto. Durante años trabajando entre enfermos graves, hospitalizaciones y tumores, Menard había expresado una postura favorable al testamento biológico. Luego, un día descubrió que quien estaba enfermo no era un paciente suyo sino ella. La diagnosis fue inclemente: un tumor en la médula ósea. "Desde entonces, mi vida ha asumido un significado diverso -relató la oncóloga--. Desde que estoy enferma, tengo ganas de vivir cada instante de mi vida, justo porque me doy cuenta de que es única".
Menard relató que al principio tenía dudas de si seguir un tratamiento o no, exactamente la duda que asalta a cada paciente. Sabía que era muy difícil curarse, pero "incurable es diverso de intratable", precisó. La doctora se sometió a tratamientos muy tóxicos, que durante algún tiempo le empañaban también la mente. Sin embargo, comentó, "incluso haciendo el trasplante de corazón a un enfermo se corre el riesgo de matarlo".
Respecto a las propuestas de eutanasia y de testamento biológico, en el curso de la rueda de prensa celebrada por la mañana, Menard precisó que "muchos en Italia están a favor de la eutanasia para los otros y no piensan en el fin de la propia vida". "Yo os puedo decir -añadió- que cuando uno está sano no sabe cómo reaccionará en caso de enfermedad, por esto el testamento biológico escrito por una persona sana no tiene sentido". Menard se manifestó por tanto "contraria a la eutanasia porque el derecho a la muerte en aquel caso corre el riesgo de convertirse en un deber".
En el curso del mismo encuentro, Giancarlo Cesana, profesor de Higiene General Aplicada en la Universidad de Milán, explicó que "la vida es un misterio, la sentimos, la percibimos pero no la hemos creado, porque es algo infinito y por tanto no medible". Durante la rueda de prensa matutina, Cesana respondió a una pregunta sobre el caso de Eluana Englaro (una mujer italiana que está en coma desde 1992) precisando que "el padre de Eluana no quiere la eutanasia de su hija por motivos económicos sino porque la considera ya muerta". "El verdadero riesgo -añadió el profesor--, es que se corre el peligro de impedir la caridad, lo que significaría el fin de la medicina". Cesana concluyó afirmando que "la medicina nació en la Edad Media para hacer lo que se daba en la época clásica: curar. En Nápoles existía el hospital de los incurables, porque la medicina nació para curar. Si se impide esto, la medicina está acabada".
Conmovedor testimonio de tres mujeres africanas
El testimonio, el pasado martes, de tres mujeres africanas en su lucha a favor de la vida ha conmovido a los participantes en el Meeting que se celebra en estos días en Rímini (Italia), y que constituye una gran cita cultural del mundo católico, organizada por el movimiento Comunión y Liberación. Estos tres testimonios tuvieron tanta repercusión que fue necesario habilitar pantallas para poder seguirse fuera del aula en la que tuvo lugar la conferencia.
Especialmente conmovedor fue el testimonio de la mujer burundesa Marguerite Barankitse, llamada "el ángel de Burundi", y que consiguió salvar a miles de personas, tanto de etnia hutu como tutsi, en la guerra civil que afrontó este país en 1994. Según explicó Marguerite, su obra humanitaria comenzó cuando se refugió junto a varios niños hutus y tutsis, y otras familias hutus, en la casa del obispo de Ruygi. La casa fue atacada y los refugiados fueron asesinados delante de la mujer. "Eran amigos míos, gente que yo quería salvar. Me dejaron con vida a mi porque soy tutsi, pero me golpearon violentamente por traidora", explicó.
Cuando los asaltantes iban a asesinar a los cerca de 25 niños que había en la casa, Marguerite les ofreció todo su dinero para que los dejaran con vida, y éstos aceptaron. Así comenzó una obra que hoy se llama "Casa Shalom", y en la que el "ángel de Burundi" ha acogido en estos años a cerca de 10.000 niños. Hoy muchos de ellos están casados y son médicos, economistas, enfermeros, y siguen colaborando con la misión.
Baranksite ha recibido varios premios internacionales, entre ellos el "Prix des Droits de l'Homme" del Gobierno francés, el "Prix Shalom" en Alemania, el premio Internacional para los Refugiados de la ONU, y el doctorado "honoris causa" por la Universidad de Lovaina. Marguerite comentó que en Burundi muchos la llaman "la loca". "Pero yo digo que esto es fruto del amor". Contó cómo en aquellos momentos se preguntaba por qué el Dios del amor permitía aquellas cosas. "Veía en los ojos de niños una esperanza que no se apagaba, y empecé a entender que Dios me respondía a través de su mirada".
Lucha contra el SIDA
Los otros testimonios los ofrecieron dos mujeres ugandesas, Rose Busingye y Vicky Aryenyo, fundadora y colaboradora respectivamente del International Meeting Point de Kampala, institución que atiende a enfermos del SIDA y sus familias, especialmente a niños huérfanos. La fundadora del Meeting Point, Rose Busingye, enfermera, explicó que la fuerza para oponerse a tanto mal la encontró "en el valor infinito de las personas". "Es el reconocimiento del otro que crea la realidad, y que está presente en la compañía de la Iglesia", añadió.
Por su parte Vicky Aryenyo, voluntaria en el Meeting Point, explicó que su vida cambió cuando ella misma descubrió, durante su tercer embarazo, que su marido la había contagiado de SIDA. Desesperada y sola, quería morir y rechazaba todas las ayudas. "Rose me buscó para ayudarme y convencerme de que me curara, y yo la rechazaba, hasta que una vez me dijo: 'Dame el niño, porque él tiene una vida por delante'"."Sabemos que Lázaro resucitó. Si no habéis visto un milagro, aquí está, soy yo. Todo comenzó con un encuentro y este encuentro ha hecho resucitar mi vida. Rose me ha dado un hombre en el que apoyarme en Cristo", añadió.
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