En busca del ADN vasco en Idaho

Adrián Odriozola, a la izquierda, toma una muestra a un descendiente vasco en Idaho, AP.jpg

El Gobierno de Ibarretxe financia un estudio para analizar el ADN de 500 descendientes de vascos que viven en EE.UU. Según cuenta hoy el diario La Razón, el objetivo es buscar un supuesto genoma que ayude a conocer el comportamiento de enfermedades como el parkinson o el alzheimer en los vascos.

REDACCIÓN HO / LA RAZÓN, Marta G. Hontoria.-. Un estudio financiado por el Gobierno de Ibarretxe pretende descifrar los secretos del "genoma euskaldún" en Estados Unidos. Alrededor de 500 descendientes de vascos se han sometido a las pruebas.

Según publica hoy el diario La Razón, Julián Lete, hijo orgulloso de vascos, no tuvo ningún inconveniente en prestarse voluntario. "La prueba de ADN fue cosa de un minuto. Te daban un líquido con sabor a canela para enjuagarte la boca y lo escupías en una ampolla", relató al citado diario durante una entrevista por teléfono. Como Lete, unos 500 descendientes de vascos en Estados Unidos compartieron este pasado mes de julio su código genético con dos investigadores de la Universidad del País Vasco (UPV). El objetivo de este pintoresco estudio financiado por el Gobierno vasco es descifrar los secretos del ADN euskaldún, una muestra más de esa ya conocida obsesión del nacionalismo.

¿Por qué aquí? Porque no se puede realizar un mapa genético exhaustivo del pueblo vasco sin pasar por Idaho, Nevada y California. Si los italianos eligieron Nueva York, los emigrantes vascos que llegaron al gigante americano a finales del siglo XIX y principios del XX se asentaron en los prados del Oeste, donde aprendieron a pastorear ganados de miles de cabezas de ovejas. Los vascos continuaron llegando durante todo el siglo pasado. Hoy, Idaho tiene la mayor población vasca del mundo, después de Argentina y, naturalmente, del propio País Vasco.

El estudio del Gobierno vasco pretende explicar la incidencia de ciertas enfermedades como el Alzheimer y el Parkinson entre los vascos y qué papel juegan en ellas la genética y las condiciones físicas y sociales donde se vive.

Tras el ADN vasco en Estados Unidos

Los dos estudiantes de doctorado, Adrián Odriozola y Enero Sank, estuvieron en Estados Unidos alrededor de tres semanas recogiendo ADN en lugares como Chino (California) y Reno (Nevada). En Boise, la capital de Idaho, recibieron la ayuda de la directora del Museo Vasco. Durante el festival de San Ignacio de Loyola, la última semana de julio, plantaron su "laboratorio" delante del Centro Vasco, una institución fundada en 1949 para mantener la herencia vasca y apoyar su cultura. Ahí, al frente del bar estaba este domingo, como de costumbre, Julián Lete. "La mayoría de la gente aquí sabe de dónde viene. Mis padres eran de Bergara, Guipúzcoa, y llegaron a EE UU en 1954. Mi padre vino a Idaho como pastor por un contrato de tres años", detalla Lete, de 45 años. "Esencialmente, los estudiantes querían confirmar a través del DNA de qué región procede la gente de aquí".

Junto a las pruebas de ADN, que serán analizadas primero en la Universidad Estatal de Boise, los investigadores pasaron un formulario con 50 preguntas como "¿ha tenido algún familiar suyo un tumor?, ¿o enfermedades de la piel?". Lete calcula que "en este valle podríamos ser unos 15.000 descendientes de vascos". Aunque él ya nació en EE.UU., además de inglés Lete habla perfectamente vascuence porque "en casa, mis padres no hablaban otra cosa".

Boise, una ciudad de 190.000 habitantes entre el desierto y las montañas Rocosas, sigue siendo tierra de granjas y minas, aunque en los últimos años ha atraído a profesionales jóvenes. Ya no es como en los años 40 en los que por la calle se oía hablar vasco, pero sigue siendo el mejor punto estadounidenses para tomarse una sidra. "Somos una extrema minoría, pero nos conocemos todos entre nosotros", explica Lete. "Ahora mismo en el bar tengo una mesa en la que sí están hablando euskera entre ellos".
Odriozola, de 26 años, y Sanz, de 27, van a continuar su investigación con otros descendientes de vascos en Iberoamérica. Los estudiantes han prometido enviar sus resultados, apuntó Lete.

Aunque bastante extraño

Aunque bastante extraño para los profanos en biología genética, el estudio en cuestión tiene una apariencia de normalidad. Su objetivo declarado es la búsqueda de posibles elementos del genoma de los vascos que se relacionan con graves enfermedades. ¿El genoma de los vascos? Esto es lo que me mosquea.

Si se tratase de la primera vez que se oye ese tipo de expresiones relacionadas con el pueblo vasco, posiblemente no le daría mayor importancia. Pero no lo es. Ya se han oido en el pasado reciente algunas declaraciones sobre una supuesta "raza" vasca.

Igual que el lobby gay, que anda metido en un doble y contradictorio empeño, afirmando por una parte que la homosexualidad es una opción personal y por otra buscando indicios de una base biológica que la "naturalice", los nacionalistas radicales, para demostrar su diferencia, no se contentan con sus argumentos culturales, históricos o de mero "derecho a la autodeterminación". Andan buscando una identidad biológica.

Si acaso encuentran ese gen vasco: ¿Seguiran siendo vascos aquellos que, pese a vivir durante generaciones en aquella comunidad, carezcan de él? ¿Será vasco cualquier español o extranjero que en su árbol genético lleve dicha impronta? ¿Exigirán un certificado genético para votar como vasco? ¿Podrán votar todos los ciudadanos del mundo que tengan el dichoso gen?

En el escudo de armas de mi apellido, pese a ser castellano, figura el árbol de Guernica. ¿Tendré yo ascendencia vasca y, por tanto, identidad genética vasca? ¿Podré votar en las elecciones vascas, o en el referendum del que no se acaban de desmontar? ¿Podré acogerme a sus beneficios fiscales y acogerme a alguna prebenda o prestación si en un hipotetico estudio genético resultase que tengo algo de sangre vasca en mis venas?

Pues esto va a ser un chollo, porque los valencianos somos descendientes de una riquísima mezcla de pueblos y razas. Si nos ponemos a ello, podemos ser valencianos, castellanos, aragoneses, catalanes, árabes, judíos, romanos, fenicios, íberos y una infinidad de identidades genéticas más. Somos fruto de un mestizaje, extremadamente alejado de la endogamia, que es toda una riqueza y un inestimable patrimonio biológico. No somos una raza aparte. Somos sencilamente seres humanos.

A mí, todo este asunto me resulta demasiado parecido a las pretensiones nazis, empecinadas en la supremacía de su superhombre de raza pura aria, que marginaron e incluso asesinaron en masa a los que no eran tan puros, incluidos judíos, gitanos y homosexuales. Por cierto: ¿Recuerdan el título de la más emblemática de todas las películas del franquismo? Pues sí, precisamente se llamaba "Raza". El ensalzamiento de una supuesta "raza" española fue una de las grandes manías del dictador.

Como dicen ahora: ¡Qué mal rollo me da todo esto!

José Rafael Sáez March
Licenciado en Pedagogía
Valencia

Pero si en el País Vasco

Pero si en el País Vasco estamos todos más mezclados que otra cosa. Si en vez de gastarse el dinero en fascistadas lo hicieran en mejorar las carreteras y crear empleo, otro gallo nos cantaría.

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