Barack Obama y el cambio prometido

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El candidato demócrata a la Presidencia de EE.UU. ofrece un discurso fácil pero peligroso, como analiza en este artículo remitido a HO el periodista y ex profesor de la Universidad de Panamá Miguel Antonio Espino Perigault.

HO / Miguel Antonio Espino Perigault.- La carrera por la candidatura presidencial  del partido Demócrata,  ganada por un  mulato contra  una mujer caucásica, es una prueba de la madurez política alcanzada en los Estados Unidos. Y es que  las diferencias  observables entre los  partidos demócrata y republicano suelen ser -en general- como las que alguien dijo alguna vez que se daban entre  de los partidos liberal y conservador de Colombia: que mientras los liberales iban a misa de seis, los conservadores iban a misa de diez. Hace años que no es así en Colombia, ni todo es como antes en los Estados Unidos. 

Barack Hussein Obama y su mensaje de cambio" conquistó a sus copartidarios, probablemente porque  lo veían a él como ese cambio. Y es que   ha prometido   cambiar todo lo  hecho por el partido republicano y, principalmente, por el presidente eorge W. Bush.  Un discurso   fácil; pero peligroso.

Y es peligroso por la  vaciedad en el significado del "cambio" prometido; un hecho que  lo  convierte  en una amenaza, no solamente para los Estados sino para el mundo, dado el peso político del país. Es una amenaza por lo que ha dicho y por lo que calla como opositor radical  a primordiales  valores morales cristianos respetados en ese país, como son la defensa de la vida desde la concepción, y la familia tradicional fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer; valores éstos de los  que el presidente  Bush ha sido un  adalid   mundial, y  a los  cuales los republicanos y su precandidato, John McCain, apoyan; mientras los demócratas, en general, rechazan.  

A pesar de que los partidos evitaron   los temas "raza" y "sexo" en el debate, no han podido mantener fuera del mismo el tema de los valores citados; pues  numerosos movimientos cívicos y religiosos lo han puesto en el tapete, obligando a los candidatos, Obama y a   McCain,   a  enfrentarlo.  Esta situación saca a la luz  una intensa  pugna que se daba a sordas, principalmente  en los parlamentos, entre los defensores de la tradición y de  los  valores "con los cuales se fundó la nación americana", y sus atacantes: los intereses mancomunados de la multimillonaria industria abortista y los grupos sociales y políticos del fundamentalismo laicista.

Con  habilidad  política,  Obama trata de distanciarse de sus radicales posiciones pro- aborto; de sus vínculos familiares con el Islam, y de las ideas racistas  de  un radical pastor de  la iglesia a la que pertenecía. Estas contradicciones e  inconsistencia en sus ideas y principios constituyen unas de sus debilidades y  merman  su credibilidad. 

 Y estos puntos son los que dan  a las próximas  elecciones de los EEUU  importancia mundial; porque el camino que se tome en estos terrenos, influirá en todo el mundo. Lo que está en juego es más que la presidencia de los Estados Unidos  para un mulato demócrata o un republicano blanco conservador; es  el destino mismo de la civilización,  asediada por un laicismo fundamentalista rampante y la confusión creada por el relativismo moral prevalente.

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