Nuestra orfandad política
Creo que no descubro América al reconocer que hubiese preferido que el vencedor en las pasadas Elecciones Generales hubiese sido el Partido Popular. Mi objetivo era claro: que ganase el PP, para luego presionarle, instarle a que atendiese de una forma más intensa y valiente las demandas de los católicos en cuestiones clave como la vida, la familia y la educación.
En la conferencia sobre Ideología de género del otro día de Jesús Trillo-Figueroa en San Jorge, se dijo algo con lo que coincido de manera sustancial: las izquierdas y derechas actuales no se diferencian tanto por sus posiciones económicas -marxismo o liberalismo- como por sus posicionamientos ante realidades de índole moral-social. Esto es, lo que más diferencia al PSOE y al PP no son temas de índole económico - subida o bajada de impuestos, modelo económico, mayor o menor privatización o intervencionismo del Estado- sino cuestiones relacionadas con la familia, el aborto, la educación, el matrimonio, la relación con la Iglesia...
Dicho esto, ¿qué nos encontramos? Pues un Partido Popular que, antes de acercarse a las posiciones cercanas al humanismo cristiano que definía su ideología, todo da a entender que se está embarcando en un proceso de alejamiento progresivo de tales posiciones, uniendo peligrosos lazos con el laicismo beligerante de los socialistas y coqueteando con los enemigos de España, esto es, los nacionalistas. Es decir, siguiendo el rumbo que inició el PSOE hace ya unos cuantos años.
Quiero confiar en que todo esto se debe al varapalo de la segunda derrota electoral y que no es más que una confusión que pronto será enmendada.
Por otro lado tenemos a Rosa Díez y su flamante partido UPyD. El coraje y la valentía de esta señora es incuestionable, así como la simpatía que suele producir en los votantes de centro-derecha, principalmente por su defensa sin complejos de la unidad de España y de la lucha antiterrorista. Pero volvemos al problema de siempre: los temas morales/sociales.
Esta semana Rosa Díez votaba a favor en el Congreso de la propuesta de Izquierda Unida y del Bloque Nacionalista Gallego de retirar todos los símbolos religiosos del espacio público, en concreto, en el juramento o promesa de cargo público, y de modificar los Acuerdo Estado-Santa Sede. Y ya sabemos qué pretenden con "modificar". De nuevo el tufillo anticlerical de la izquierda española, especialmente del principal ideólogo de UPyD, Fernando Savater.
Así, a nivel de partidos políticos, parece que los católicos nos encontramos en un momento de orfandad política que, espero y confío, pronto finalice.
Come leía en una entrevista a Nacho Arsuaga, Presidente de Hazte Oír, los partidos establecen sus políticas y sus prioridades conforme a las demandas de la mayoría social. Hagamos pues todo lo posible para que la mayoría de la sociedad sea sensible al crimen del aborto, crea en el matrimonio y la familia, apueste por la vida, luche por defender la libertad de los padres a educar a sus hijos conforme sus convicciones morales y religiosas...
En definitiva, llevemos la vivencia de nuestra Fe desde las parroquias y las capillas a la vida social, a la "Res Pública".












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