La macabra historia de los trituradores de Morín

La macabra historia de los trituradores de Morín

Tras 17 años al servicio de Carlos Morín, una trabajadora del empresario acusado de practicar abortos ilegales narra en La Razón el acoso sufrido por cuestionar la legalidad de sus prácticas: "O estás en el barco, o verás lo que te pasa", le amenazó.

LA RAZÓN, F. Velasco.- La macabra historia de los trituradores que Carlos Morín había hecho instalar en una de sus clínicas para deshacerse de fetos de abortos presuntamente ilegales fue desvelada en gran parte por todos los detalles y pruebas aportadas por uno de los testigos protegidos. Pero, ¿quién adquirió ese triturador industrial y cuándo lo hizo?

La respuesta la ofreció una de las empleadas de Morín que llevaba trabajando 17 años en la clínica Ginemedex, quien, además, no tuvo reparos en confesar que a lo largo de esos años ha visto cómo se han practicado abortos a mujeres "en avanzado estado de gestación" y sin justificación legal. Claro que, al final, tal y como le dijo Morín en un tono amenazante, "o estaba en el barco" o asumiría las consecuencias. Desde abril de 2007 está de baja médica.

Declaración voluntaria

El 24 de enero de 2008 compareció en las dependencias de la Guardia Civil de Barcelona Rosa A. V. para realizar una declaración voluntaria. Hasta finales de abril del pasado año trabajaba en la administración de Ginemedex, encargándose de las compras de la clínica, instrumental y aparatos médicos y el mantenimiento de los mismos, así como gases para quirófano. Y aquí es donde aparece el ya famoso triturador. En un principio, según su declaración, a cuyo contenido íntegro ha tenido acceso La Razón, había "uno pequeño en esterilización", pero posteriormente Morín "compró otro más grande, que colocó en el patio de luces".

En cuanto a la utilidad que tenían, señalo que el pequeño era "para tirar los restos orgánicos que pudiera contener el instrumental de quirófano". ¿Y en cuanto al triturador grande? No lo vio funcionando, por lo que la utilidad del mismo "la conocía sólo el doctor Morín".

Precisamente, fue éste quien le ordenó que comprase el triturador a una empresa de Guipúzcoa. En su declaración no señala la fecha en que se adquirió ese "triturador grande", pero, a la vista de las facturas emitidas por la empresa que llevó a cabo su instalación, cabe deducir que se produjo en torno a abril de 2006. 1.211,57 euros fue lo que pagó Morín por todo lo relacionado con las obras que se llevaron a cabo para sacar la máquina "pequeña" e instalar la nueva.

Con posterioridad, la empleada relató en su declaración cómo, a partir de un momento determinado, se produjo un cambio sustancial en su relación con Morín. De ser "personal de total confianza" pasó a sufrir "mobbing", motivo por el que cayó en una depresión. Las causas de ese cambio estaban relacionadas con lo que, al parecer, venía a ser una práctica habitual en los centros de Morín. En un momento "empezó a ver cosas muy extrañas en la clínica, como que se realizaban abortos a mujeres en avanzado estado de gestación".

La mujer expuso sus reparos a Morín, quien le dio una respuesta más que reveladora: "Le dijo que si estaba en el barco, bien, y si no, ya se iría dando cuenta de lo que pasaría". Desde ese momento, "le hicieron la vida imposible el doctor Morín y el personal de la clínica Ginemedex", situación que derivó en que tuviese que dejar el trabajo por baja médica.