José Jaime Rico: “Las alternativas al matrimonio son un estrepitoso fracaso social”
El prestigioso abogado ilerdense nos habla sobre su libro Comprometerse con el amor auténtico, recientemente publicado.
REDACCIÓN HO.- “Casarse o no casarse: esta es la cuestión que tantas parejas se plantean hoy en día y que les lleva a preguntarse qué hace una institución en medio de una historia de amor. ¿Acaso es la ley lo más apropiado para organizar el amor? Este planteamiento es la herencia que al joven del siglo XXI le ha dejado la revolución sexual, que exigió algo tan sencillo como ser feliz cada cual a su manera, pero a través de algo tan complicado como suprimir del amor los cauces que la cultura había reconocido hasta entonces. Todas las alternativas al matrimonio han fracasado y es buen momento para regresar a la institución redescubriendo la relación de amor auténtico sobre la que se fundamenta”.
Con estas palabras glosa José Jaime Rico lo que pretende exponer en su libro Comprometerse con el amor auténtico. Las claves del matrimonio, publicado recientemente por Ediciones Palabra.
Este prestigioso abogado especialista en materias de familia y empresa, nacido en Granada pero afincado en Lérida desde hace varias décadas, es descrito por quienes lo conocen bien como un inmejorable amigo, esposo y padre de 8 hijos. Destacan también de él su sagacidad y su afabilidad, su finísimo sentido del humor y la firmeza de sus convicciones, de las que da buena muestra en esta entrevista concedida a Noticias HO.
P: El siglo XXI sigue viendo la publicación de obras sobre amor y matrimonio. ¿Se puede decir algo nuevo?
R: Era conveniente esperar un par de generaciones para hacer balance de los cambios sociales surgidos a raíz de la revolución sexual del último cuarto de siglo XX. Se dijo entonces que el matrimonio es una institución que no sirve para organizar el amor y que, por tanto, había que hacer algo nuevo y mejor. Y se hizo: sobre el llamado “amor libre” se fueron consolidando dos modelos, la unión de hecho y el matrimonio disoluble. Lo que hay que decir ahora es que las alternativas al matrimonio son un estrepitoso fracaso social.
P: ¿A qué se debe este fracaso?
R: Básicamente, a que el matrimonio no tiene alternativas que respondan a la verdad del amor humano, no son coherentes con lo que en el libro se identifica con el amor auténtico, el que responde a lo que la persona es. Se dijo que el matrimonio era la tumba del amor, sin reparar en que lo que mata al amor no es la institución, sino sus protagonistas. La revolución sexual no reparó en que el modelo de unión ha de basarse en lo que la persona es, no en lo que la persona puede hacer. En este sentido, la naturaleza da lo que la libertad administra, y la revolución sexual no es más que un paradigma de libertad mal administrada.
P: ¿Qué es lo que la revolución sexual administró mal?
R: Más que el modelo de convivencia de base afectivo-sexual, el problema ha sido siempre el modelo de amor sobre el que se construye la relación. Sin duda, la revolución sexual identificó mal el problema. Ese problema no se centra en la institución, sino en la persona; no consiste en el matrimonio, sino en el amor. Un amor anclado solo en el sentimiento, en la conducta sexual ocasional y que no vincula jurídicamente es todo lo contrario a lo que la persona puede dar y necesita recibir. Por eso digo que el producto típico de la revolución sexual ha impuesto un amor desnaturalizado, una prótesis de amor con la que se construye una nueva naturaleza artificial, una sexualidad virtual y un sucedáneo de matrimonio.
P: ¿Qué relación establece usted entre el amor y el matrimonio?
R: Ser esposo o esposa no es una opción cultural que elige quien acude al escaparate del amor. Entre personas capaces y libres, el amor puede comprometerse, entregarse de una forma irrevocable de forma que lo que antes era amor gratuito, se transforma en amor debido. Pero no cualquier amor, sino el que responde a la verdad del ser humano: un amor pleno, total, exclusivo, respetuoso con su significado sexual y dispuesto a crecer, que se purifica en el sacrificio, se consolida en la virtud y se vence en el arrepentimiento y el perdón.
P: Se dice en su obra que casarse es obligarse el amor auténtico. ¿Cómo explicar, en pleno siglo XXI, que el ser humano es capaz de obligarse a amar?
R: La mentalidad contemporánea no comprende que la libertad del amor sea compatible con la obligación de amar. Nadie puede obligarse a sentir amor, pero sí puede obligarse a querer amar. Lo que se compromete en el matrimonio no es el amor sensible, sino la voluntad que produce actos de amor. Por esta razón, puede decirse que quien se casa no se obliga al amor afectivo, sino al amor efectivo. No sólo es posible obligarse a amar, sino que es la única forma de entregar el amor pleno y total según la naturaleza humana. En el fondo, nadie quiere ser amado de otra forma.
P: Obligarse a amar es arriesgado. ¿No es el conflicto la prueba de que el matrimonio no es garantía de la felicidad humana?
R: Si el amor puede desaparecer y llevarse lo construido por los esposos, es lógico preguntarse qué necesidad había de institucionalizar una relación tan expuesta al fracaso. Dado que el mundo contemporáneo no concibe una deuda de amor, no se comprende que el vínculo matrimonial subsista cuando la convivencia entre los esposos no es deseada o es inviable. La respuesta que las sociedades occidentales han dado ha sido la misma: sentir amor justifica cualquier relación y dejar de sentirlo justifica cualquier ruptura. Sin embargo, casarse obliga a un hacer (deber de amor auténtico) porque convierte al obligado en un nuevo ser (es cónyuge). Se acepta y se entrega un estatus de cónyuge que no se sujeta ni al éxito de la convivencia ni a la perennidad del amor. Suele recurrirse a un razonamiento simple por su facilidad para entenderlo: te convertiste en mi esposo/a porque me amabas, en tanto que en adelante me amarás porque eres mi esposo/a. Entender el matrimonio de otra forma es convertirlo en un noviazgo con certificado legal, una relación revocable de la que puede dejarse constancia legal en un registro público.
P: Usted afirma que hay que terminar con la prohibición del matrimonio. ¿En qué sentido está “prohibido” el matrimonio?
R: Está claro que nuestro sistema legal permite el matrimonio legal, pero no el matrimonio real. Me explico: el matrimonio definido por la actual ley es una unión disoluble. Es un matrimonio que no casa, que no vincula, y en este sentido, no es matrimonio. A ningún contrayente se le permite renunciar al derecho a divorciarse en el futuro. En España es posible elegir el sexo del cónyuge pero no la duración del vínculo. Esto es absurdo. Por la misma libertad que se introdujo el divorcio, debería introducirse la opción voluntaria por el matrimonio civil indisoluble. Pero las democracias occidentales tienen pánico al matrimonio indisoluble, aunque sea opcional.
P: ¿Qué soluciones propone para redescubrir el matrimonio?
R: No podemos hacer propuestas sobre el matrimonio legal si antes no entendemos la relación en la que se basa, pues es imposible comprender el matrimonio si no se comprende previamente la esencia del amor. Solo se puede comprender el matrimonio si se capta lo que es el amor en la ecología de la persona para vivirlo según lo que somos. Descubrir ese amor auténtico para vivirlo y proclamarlo como verdad del amor, es algo que apela a tres niveles: el individuo, la pareja y la sociedad. El matrimonio es ese modelo de amor auténtico que se vive libre y responsablemente en pareja para el bien familiar y el progreso social.
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Karol Wojtyla, antes de ser
Karol Wojtyla, antes de ser elegido Papa, escribió un libro sobre el matrimonio, titulado AMOR Y RESPONSABILIDAD. Hoy hay muchos matrimonios -religiosos y civiles- que no saben qué es eso de la "responsabilidad" dentro del matrimonio, más allá de aportar parte o todos sus ingresos para el sostenimiento de la unidad familiar. Creo que hay un grave problema de educación desde la infancia, y aún antes. Mi padre solía decirnos a mis hermanos y a mí, siendo aún adolescentes, que estaba educando a sus nietos.Mis padres murieron teniendo 45 nietos vivos más dos que murieron nada más nacer.