"En defensa de la vida, es hora de hablar, y hablar claro"

"En defensa de la vida, es hora de hablar, y hablar claro"

José Ramón Recuero, Abogado del Estado en el Tribunal Supremo, está convencido de la victoria final de la cultura de la vida; en su última obra, En defensa de la vida humana, nos ofrece un valioso compendio de argumentario y praxis: lo primero, hacernos oír, hablando claro.   

REDACCIÓN HO, Cristina Castro Velarde.- José Ramón Recuero Astray (Madrid, 1947) ejerce desde hace 22 años como Abogado del Estado en el Tribunal Supremo. Casado, feliz padre y abuelo, junto a numerosos libros y artículos jurídicos es autor de celebrados ensayos, como Irene o la razón engañosa, diálogo sobre la verdad (1988) La dialéctica de la libertad: libertad moral y libertad política (2003); La eutanasia en la encrucijada (2004); La cuestión de Dios, diálogos con Descartes, Feuerbach, Marx, Nietzche y Ratzinger (2008) y La cuestión del bien y del mal: diálogos con Hume, Kant, Schopenhauer y Zubiri (2009).

En las librerías encontramos ya su última obra, En defensa de la vida humana (Editorial Biblioteca Nueva, 2011), un auténtico libro de referencia que traspasa el profundo y brillante análisis filosófico, jurídico y biológico de tan crucial cuestión para proporcionarnos un práctico argumentario, al alcance de cualquier lector, con el que combatir con acierto y eficacia por el primer y más elemental derecho humano, el derecho a la vida. Ello da pie a este diálogo con el autor, en el que intentamos superar el género de la entrevista. Y es que, como concluye Recuero, estos tiempos nos exigen, junto a la toma de conciencia, un compromiso real: es hora de responder.  Erradicar el aborto, la eutanasia, la destrucción de embriones… es posible, pero requiere el hacernos oír en la sociedad, y esto comienza teniendo claras las ideas, por “hablar claro”.

 

El derecho a la vida, verdad innegociable: renacer al humanismo

 

Hablemos en defensa de la vida humanaHO.- En su ensayo distinguimos tres grandes apartados. Primero profundiza en el concepto de la vida humana. De valor intrínseco, desde su inicio embrionario hasta la muerte natural, se derivan las razones por las que amarla y respetarla es bueno, y eliminarla es malo. Nos recuerda la idea, expresada con gran fuerza desde la razón que nos une a todos por quien en estos días concentrará en Madrid la mirada millones de jóvenes: “La verdad no es negociable. La verdad no depende del número de personas que la defienden en un determinado momento”. ¿Qué opinión le merece esta premisa?

Recuero.- Estoy totalmente de acuerdo con ese principio, hasta el punto de que escribí sobre él un diálogo titulado La cuestión de Dios, diálogos con Descartes, Feuerbach, Marx, Nietzche y Ratzinger, que se publicó en 2008, en el que hablo ampliamente acerca de la verdad y de su búsqueda. Leemos en Shakespeare los pensamientos de Julieta cuanto ella está sola, enamorada de Romeo, consciente de que su familia se opone a ello. Julieta afirma su amor por Romeo con unos versos muy bonitos, en los que dice: “Yo te quiero a ti, seas quien seas, no a un Montesco... ¿Qué cosa representa un simple nombre?... Aunque la rosa deje de llamarse rosa, seguiría oliendo rosa”. Así es la verdad, la realidad: Le llamemos como le llamemos la tenemos ahí, ella es como es. La verdad no es lo que cada cual piensa o siente en cada momento, la verdad es lo que es.

Estoy pues totalmente de acuerdo en que lo que hay que hacer es simplemente volver la mirada a la realidad. Por eso baso mi libro en el ser de las cosas, en lo que es el hombre, en lo que es la moral, en la vida misma… 

HO.- ¿Y qué es la verdad? ¿Por qué tiene sentido buscarla en una sociedad marcada por el relativismo y el utilitarismo?

R.- La verdad es lo que encontramos ante nosotros si razonamos bien, es, podríamos decir, una condición de lo real. La realidad está ahí. Cuando Descartes comienza su razonamiento afirmando “voy a dudar de todo” nos separa de la realidad y se queda únicamente con la verdad subjetiva de cada cual, que prejuzgando dice “no puedo dudar de que dudo, luego soy cosa dudante, es decir, cosa pensante”: Con lo que a partir de su propio pensar cada uno construye la verdad. Ese es el tema del mundo de hoy: Cada uno fabrica su propia verdad, todo es subjetivismo.

Pero las cosas no son así. Mi método, si lo podemos llamar así, nos lleva a todo lo contrario: yo no empiezo diciendo “voy a dudar de todo”, cosa que es imposible porque no puedo dudar de que dudo. Yo digo en primer lugar: “sin prejuzgar, voy a intentar conocer lo que existe”. Pero no en su apariencia, como hace la fenomenología, pues se trata de saber cuál es la realidad en sí. Si razonamos correctamente llegar a verdad supone conocer aquello que existe.

Eso es lo que he intentado hacer en relación a la vida en mi libro titulado En defensa de la vida humana. En él muestro que ya nuestra primera célula, el cigoto, es un ser humano, y lo es porque reúne las dos características de toda vida: tiene identidad individual gracias a su ADN propio, y por tanto es distinto de su madre, y además obra y se desarrolla por sí mismo. Por eso científicamente la realidad supone que todo ser humano es un hombre desde su concepción hasta su muerte, y el nombre que utilicemos en cada fase de su vida para denominarlo es indiferente: Cigoto, embrión, feto, niño, adulto… siempre hay ahí una persona humana, una unidad biológica mantenida. Esa es la realidad… Y lo mismo sucede respecto a ley moral que señala que no se debe matar a otro ser humano: Es algo que existe en la naturaleza de las cosas, es una la verdad relativa a la vida.

HO.- Podríamos decir que el derecho a la vida es parte de esa verdad absoluta y objetiva, de ese ser natural de las cosas? ¿Una verdad pues innegociable, previa a cualquier forma de organización política, indispensable para que exista cualquier sociedad civilizada?

R.- Sí, claro que lo podemos decir. Lo podemos afirmar basándonos en una verdad, que es la verdad del hombre. No a causa de cualquier ley positiva emanada de un poder político. El derecho a la vida nace de la constatación de la verdad y realidad del hombre, de una antropología auténtica. Está claro que el hombre no es una bestia ni es un dios, sino un ser vivo creado que se eleva sobre lo biológico, libre, digno, con una razón que le otorga naturaleza propia y le da “humanidad”, una “humanización”, Y siendo así las cosas, el hombre es una realidad diferente a la de otros seres, como pueden ser un perro o una roca. En base a esa verdad del hombre la vida humana tiene valor intrínseco, tiene una dignidad superior a la de los animales o a la de los seres inertes. Y es esa dignidad de todo hombre, sea cual fuere su grado de desarrollo, la que le otorga el derecho a que los demás respeten su vida. Los demás hombres no pueden disponer de ella, además, porque como acabo decir ninguno de ellos es un dios.

HO.- Ello nos lleva a pensar que cuando no respeta ese metaderecho verdadero y objetivo que es el derecho a la vida, una sociedad se degrada. ¿No hay civilización sin respeto a la vida humana?

R.- No, no la hay precisamente porque el derecho a la vida “es el derecho elemental y primario sin el cual los demás derechos carecen de sentido”. Eso lo ha reconocido el Tribunal Constitucional español, y también los Tribunales de otros países. Sin respeto al derecho a la vida los demás derechos carecen de base, no tienen sentido. En mi libro lo digo: si admitimos que el embrión puede ser sustituto fideicomisario, ¿cómo no va a tener derecho a la vida? Si el concebido puede acudir a los tribunales de justicia, tal como señala la Ley de Enjuiciamiento Civil, si puede heredar y recibir una donación, ¿cómo no va a tener derecho a la vida?

El eje de toda sociedad civilizada es el respeto al derecho a la vida de todos, nacidos o por nacer, sanos o enfermos, derecho elemental sin el que los demás derechos no pueden existir. Esa es la razón por la que La Convención Sobre los Derechos del Niño aprobada por las Naciones Unidas en su Resolución 44/25 dispuso que todo niño merece protección legal “tanto antes como después de su nacimiento”.

Todo lo cual supone que, en efecto, sin respeto a la vida humana no hay auténtica civilización.

Las ideas, clarasHO.- Luego establecer leyes como las del aborto o la eutanasia supone negar y atentar contra la verdad de lo que es el hombre, contra un bien absoluto y objetivo, que el Derecho no podría sino más que reconocer y proteger, pero nunca limitar y mucho menos negar… ¿Asistimos a una extralimitación del poder a través de las leyes?

R.- Hay que distinguir dos realidades: El “Ius” o “Derecho”, escrito con mayúscula, que como decía Celso es “el arte de lo bueno y justo”, y la ley positiva. Ambas pueden estar en contradicción, y así ha ocurrido y ocurre con frecuencia. Basta repasar la Historia, especialmente lo sucedido en el siglo XX en la Alemania nazi y en la Unión Soviética.

¿Qué sucede hoy? Sucede que el derecho a la vida basado en la antropología auténtica es algo justo y bueno, es parte del Derecho. Pero hay leyes que a veces no lo reconocen a causa de que la postmodernidad, que hunde sus raíces en Descartes, al que citaba antes, se basa en una antropología vacía que “deshumaniza” al hombre, degradando su concepción y equiparándolo a una bestia, a un animal cualquiera: basta oír lo que al respecto dicen Nietzsche, Feuerbach, Sartre, y tantos otros… Le niegan la dignidad que le corresponde que le eleva sobre otras criaturas.

Desde el punto de vista del quien ejecuta la acción hay otro elemento importante que considero una de las claves de lo que está pasando, que es el concepto de libertad. Con la idea postmoderna y materialista de que no hay Metafísica, de que no hay mundo moral, resulta que ya no hay normas morales. Sólo existencialismo: cada uno se cose su camisa, como diría Kierkegaard, en un mundo de náufragos cada uno hace lo que puede. Lo que significa que ya no rige el principio moral que señala: “no mates” a un semejante, ahora, podemos decir, ancha es Castilla. Y así las leyes positivas van limitando el derecho a la vida de no nacidos y enfermos en aras de una supuesta libertad que no es tal, sino todo lo contrario. Con lo que a través de las leyes positivas el poder se extralimita y entra en contradicción con el Ius.

HO.- ¿Asistimos o nos encaminamos con ello a la quiebra del Estado de Derecho?

R.- No todo Estado que usa leyes positivas es un Estado de Derecho. Ya lo constató el profesor Elías Díaz en un famoso libro que publicó en 1966 titulado Estado de Derecho y sociedad democrática, en el que señalaba que el primer requisito de un Estado de Derecho es el respeto a los derechos fundamentales. Un auténtico Estado material de Derecho es, en efecto, aquel que con sus leyes positivas protege los derechos fundamentales del hombre, comenzando por el primero de ellos, que es el derecho a la vida. Así el contenido de esa ley positiva está de acuerdo con el Ius o Derecho, con mayúscula, con lo que es bueno, justo y correcto. Pero si resulta que la ley no defiende vidas inocentes se opone al Derecho, con lo que efectivamente existe una quiebra del Estado de Derecho. Cuando esta contradicción existe no hay Estado material de Derecho. Esto Nietzsche lo proclama muy bien, de una forma muy expresiva.

HO.- Y junto a una de una bancarrota de la Justicia o del Estado de Derecho, al tratarse del derecho a la vida… ¿también supone la quiebra de la profesión médica, al negar su esencia?

R.- En la actual ley el aborto se configura como una prestación del sistema nacional de la salud a la que se tiene derecho, con lo que a los médicos se les ha puesto en una posición muy difícil. A pesar de que para un ginecólogo el niño no nacido es su paciente, su condición se degrada a la de su verdugo, obligándolos a eliminarlo, o bien a retratarse públicamente inscribiéndose en un registro de objetores de conciencia. Para la mujer que aborta eso es secreto, se le asigna un código que garantiza su anonimato; y en cambio el médico tiene que inscribir su nombre en un registro público…

 

Ley y derecho a la vida. Objeción, educación y rebelión cívica

 

HO.- La segunda parte de su libro aborda precisamente los ataques a la vida humana en determinadas leyes y proyectos de ley españoles. Sabemos que ‘el papel lo sostiene todo’: se puede llegar a negar o limitar con una ley el derecho a la propiedad, la libertad educativa, lingüística o de expresión, el derecho a la libertad la religiosa… Ante leyes como la llamada ley Aído, las que favorecen la experimentación con embriones o el proyecto conocido como de ‘muerte digna’, ¿podemos concluir que hay una extralimitación del poder y ante ello tienen algo que decir los ciudadanos?

R.- Ante cualquier ley cualquier ciudadano tiene algo que decir, porque es miembro del cuerpo político. Si bien en principio toda ley tiene que ser cumplida, salvo que se ejercite el derecho a la objeción de conciencia o un tribunal exima de su cumplimiento.

Pero hay leyes ante las que hay mucho que decir, leyes como las citadas. Creo que lo primero que tenemos que proclamar es que, tal Julieta decía respecto a una rosa, las cosas son como son. Es preciso hablar claro acerca de ellas, porque actualmente hay mucha confusión, a veces incluso provocada. Se cambia el sentido de las palabras, se usan expresiones como “interrupción voluntaria del embarazo” cuando no hay interrupción de una vida sino “terminación” de la misma.

Es como si a la pena de muerte se le llamara “interrupción de la respiración”. Y en el caso de la eutanasia se ha creado una gran confusión al calificarla interesadamente de diferentes formas, por eso lo primero que hay que hacer es delimitar claramente de qué estamos hablando. Eutanasia es matar a una persona. Por un motivo supuestamente altruista, porque está sufriendo, porque tiene una enfermedad terminal, porque lo pide, por lo que sea… Pero es matar a una persona, normalmente en un contexto médico.

Sucede que un homicidio puede hacerse por acción o por omisión. Por eso se suele hablar de “eutanasia activa” cuando se mata al paciente por acción, matizando que no es eutanasia aliviar el dolor o los cuidados paliativos que ayudan a morir bien, eso no tiene nada que ver con la eutanasia, hay que aclararlo. Y se suele llamar “eutanasia pasiva”, creo que mal llamada, cuando se mata por omisión, omitiendo una prestación o servicio sanitario que normalmente podría curar, aliviar y salvar sin ser desproporcionado en absoluto. Dejando claro que no se trata en ningún caso de acudir al ensañamiento terapéutico, a medidas desproporcionadas para alargar artificialmente la vida, hay que decir que no dar un tratamiento acorde con la lex artis de la medicina es matar.

HO.- ¿Cómo logra introducirse esa confusión en nuestras leyes?

R.- La confusión actual se está creando porque ya se ha introducido en España la eutanasia llamada pasiva a través de leyes autonómicas —estoy pensando en Ley Andaluza de 8 de abril de 2010 y en la Ley de Aragón de 24 de marzo de 2011, ambas de derechos en el proceso de muerte—, y ello se va a generalizar cuando se apruebe la anunciada Ley de Muerte Digna. ¿Cómo lo hacen? Las dos primeras leyes que acabo de citar, que están vigentes, contienen en su Exposición de Motivos largos párrafos con razonamientos larguísimos dedicados a la definición de la eutanasia, y continuación dicen: “esta ley no regula la eutanasia”. Yo me pregunto: entonces, ¿para qué definen la eutanasia?, ¿qué ocurre?

Sucede que la definen al modo holandés, es decir, identificándola con matar por acción (eutanasia activa), pero no por omisión, y de esta forma introducen por ley la eutanasia por omisión de un tratamiento normal (eutanasia pasiva), pero sin llamarle eutanasia, que eso es matar al paciente por omisión. Así estas leyes disponen que “se podrá excluir un tratamiento aunque ello vaya contra le lex artis de la Medicina —esto es fundamental— y ello cause la muerte del paciente”, sin distinguir si lo que se omite supone ensañamiento (que hay evitar) o bien un tratamiento normal y absolutamente proporcionado, como alimentar o hidratar al paciente. Con ello, sin llamarle a así, ya está introducida en las leyes la eutanasia mal denominada pasiva.

"Erradicar el aborto es posible"HO.- Estamos sometidos pues a la paradoja de que en orden a un falso derecho –el ‘derecho al aborto’, el ‘derecho a la muerte digna’ tal y como entienden las leyes eutanásicas…- se nos niega o limita un derecho fundamental y primario que sólo cabe reconocer: el derecho a la vida… Ello nos introduce en el tema de la objeción de conciencia ejercitada, cuando tratan de imponer estas praxis o dogmas antivida, por sanitarios, por padres como primeros educadores…

R.- La Constitución española garantiza la integridad moral y la libertad ideológica en sus artículos 15 y 16, y sobre esta base el Tribunal Supremo ha reconocido un ámbito garantizado de libertad de conciencia protegido por el ordenamiento jurídico. El derecho a la objeción de conciencia no es algo moral o extralegal, es un derecho que se puede ejercer jurídicamente. A veces lo recoge la propia ley, y cuando no es así es necesario acudir a los tribunales de justicia para su reconocimiento.

La Ley del Aborto de 2010 ha regulado la objeción en su artículo 19. Pero hubiera sido mejor que no lo hubiera hecho, ya que la establece muy restrictivamente, subordinándola al “derecho” de la mujer a abortar, contraponiendo dos “derechos” y haciendo primar uno como de “primera calidad” (aborto) frente a otro de segunda (objeción). Negarse a participar en un aborto u otro homicidio es razón suficiente para que exista siempre objeción de conciencia.

El derecho a la objeción de conciencia no necesitaría que ejercerse si, como hablábamos antes, la ley positiva siempre fuera conforme a la Ley o Derecho que está en la naturaleza de las cosas, al Derecho con mayúscula, al “Ius”. Pero al existir confrontaciones graves entre ambos surge la reacción, no sólo de personas individuales, también de grupos a veces grandes: Los padres que quieren para sus hijos un formación en determinados valores, las personas que trabajan en la sanidad pública y no quieren colaborar ni indirectamente con matar a una persona humana “nacida o por nacer”, como decían las Partidas...

Entonces, insisto, la objeción es un derecho que el Tribunal Supremo ha reconocido en recientes sentencias acerca del derecho a la educación; no sólo en votos particulares, en las propias sentencias ha declarado la posibilidad de objetar.

Aunque ya la sentencia dictada por el Tribunal Constitucional en relación a la Ley del aborto de 1985, la primera ley del aborto de España, claramente reconoció este derecho: esa ley no contemplaba la objeción de conciencia, y a pesar de ello el Constitucional avaló su ejercicio.

HO.- ¿Qué pensar entonces ante instrumentos creados con la nueva ley del aborto, como el del registro de objetores sanitarios?

R.- Personalmente, estoy en contra de tales registros de médicos que no quieren eliminar no nacidos. Sería mucho más fácil hacer un Registro de médicos dispuestos a practicar abortos, que son muchos menos. Cuando la madre aborta —a la primera que afecta el aborto es a ella, y en muchos casos sufre de una manera muy dramática y de por vida—, se hace prácticamente en secreto: se le da un código para que no figure su nombre, se suprimen en poco tiempo en los registros los antecedentes… En cambio al médico o sanitario que no quiere participar en un aborto, que no quiere hacer un legrado o una aspiración, ni una inducción al parto con quemaduras o un aborto por nacimiento parcial, que es una de las fórmulas más crueles de aplicar la pena de muerte, a ese médico se le obliga a retratarse públicamente, incluso en Navarra se ha promulgado una ley específica creando un registro. Eso no debería ser así, no debería haber esa disparidad de trato entre la que llaman “paciente” y su médico.

HO.- Se ve el intento de ocultar el conflicto, cediendo a ‘admitir’ la objeción para quien participe en la intervención quirúrgica, pero negando el ejercicio de este mismo derecho a quienes colaborarían en otras fases necesarias y previas para llegar a ese aborto… ¿asiste este derecho a los profesionales de atención primaria, por ejemplo?

R.- Negarse a participar en un aborto es una causa suficiente y razonable para que se admita la objeción de conciencia. En mi libro En defensa de la vida humana me ocupo precisamente de este punto. El Consejo de Europa así lo ha reconocido en una Resolución de siete de octubre de 2010, y en Indiana los tribunales han admitido el derecho a objetar a una enfermera que simplemente se negó a preparar el instrumental con el que se iba a practicar un aborto.

HO.- Y no son países tan lejanos, sino “de nuestro entorno”, esa expresión a la que tanto gusta recurrir al Gobierno de Zapatero, a la hora de referirse a estas leyes…

R.- Claro. Son países occidentales y desarrollados, como nosotros, Indiana está en Estados Unidos. Sucede que en Derecho existe el cooperador necesario, el inductor, el simple cooperador…, que también tienen su responsabilidad por su grado de participación. Son cosas lógicas y humanas. Una organización política que se precie no debe obligar a sus ciudadanos a actuar en contra de sus más íntimas convicciones. Esa es la base de la convivencia civilizada: hay que respetar la libertad y las creencias de las personas.

HO.- Hemos hablado de la manipulación del lenguaje como instrumento para tratar de ocultar la verdad que es el derecho a la vida. Encontramos que se usan mentiras, siempre apelando a la sensibilidad, en el caso de la eutanasia aludiendo al deseo de evitar el sufrimiento del paciente…

R.- Es un argumento fácil y que no refleja la realidad de las cosas. En Holanda, se comenzó admitiendo la eutanasia sobre la base de la voluntariedad, del sufrimiento insoportable y de la enfermedad terminal: eran los tres requisitos que los tribunales establecieron, y que luego se recogieron en la Ley de 2002 que regula la eutanasia en ese país. Pero los tres requisitos ha sido claramente superados: la voluntariedad no se aplica cuando se mata a recién nacidos o personas que no tienen capacidad de decidir; la enfermedad terminal ya no se exige, pues se aplica la eutanasia sobre dementes, por ejemplo; y lo mismo ocurre con el sufrimiento insoportable, ya que la eutanasia se practica sobre cualquier persona mayor que simplemente no desea seguir viviendo. De modo que estos requisitos han sido superados por los hechos.

HO.- Y en el caso del aborto, por ejemplo, se apela al ‘sentimiento’ para que “ninguna mujer vaya a la cárcel por abortar”…

Para eliminar al no nacido se suele acudir a la piedad. Es lo que se alega: evitar el padecimiento. Pero, además de que eso es falsa piedad, en muchos casos se mata por mero riesgo de anomalías, o simplemente por evitar una carga.

En efecto, en el aborto libre se alude también a que no se quiere imponer a la mujer que aborta a penas de cárcel. Nadie desea prisión para nadie, y menos para una mujer que aborta, lo que normalmente es un drama para ella. Pero el Tribunal Supremo ha reconocido y declarado en más de una ocasión que el móvil para abortar puede a veces ser abyecto —ya Cicerón habló de abortos por dinero, o para que adquieran los bienes los herederos segundos—, y además el aborto se usa como método anticonceptivo, para controlar la natalidad… Los fines pueden ser tantos como abortos, aunque lo más común sea el bienestar de la madre que no desea tener un hijo, por su situación económica, su soledad… Hay que ver cada caso. Y en Derecho no caben normas generales de impunidad total siempre. Esto lo ha tratado bien el Consejo Fiscal, en el informe que hizo al proyecto de ley del aborto de 2010, a él me remito.

HO.- En medio de todo ello, las contradicciones entre nuestras mismas leyes…

R.- Existen y muchas. El mismo Código Penal contiene regulaciones contradictorias con la ley del aborto, a mi modo de ver la actual legislación es bastante caótica: Existe un delito denominado “lesiones al feto”, tipificado tras el homicidio, de manera que en España una mujer gestante nunca puede lesionar al feto, nunca, y si lo hace es castigada siempre con penas de hasta cuatro años de prisión… No puede lesionarlo, pero sí matarlo… ¿Eso el lógico?

En España se permite el aborto libre hasta la semana 14 de gestación, en cambio en Francia y Alemania sólo hasta la 12. ¿Un feto de 13 semanas es persona en Francia y no en España? ¿En base a qué tales plazos? ¿Por qué en la 14 y no en la 16? ¿Por qué 14 semanas, cuando en ellas la criatura según la Ley de Investigación Biomédica está ya formada?

Hay en efecto dos leyes muy importantes, que son la de Fecundación in vitro y la de Investigación Biomédica, que habla del uso de embriones y fetos, y ésta, cuando se refiere al no nacido de 14 semanas asegura que es un ser humano ya formado, con los órganos ya constituidos, etc. Una ley nos dice que ahí estamos ante un ser humano, y otra ley nos permite matarlo. Todo esto es puro artificio.

Igual sucede con el delito de manipulación genética, en el que no me voy a extender ahora, pero que ejemplifica muchas más contradicciones: Está más protegido penalmente un embrión de animal o una especie vegetal protegida, en ocasiones con penas severas de cárcel, que un embrión humano. ¿Es eso razonable?

Otro ejemplo de los muchos que cabe citar: la Ley de Responsabilidad Civil por uso de Circulación de Vehículos dice claramente que el concebido es persona, y que tiene derecho a que se le indemnice si se le daña en un accidente de tráfico. Es más, esta ley señala que aunque a la madre no le pase nada, si el no nacido sufre un daño o muere hay que indemnizar, pero no por daños a cosas sino a personas. Lo dice así una ley española vigente….

Y además existen Pactos, Tratados y Convenios Internacionales, que son ley positiva en España al haber sido ratificados por el Parlamento español, que reconocen el derecho a la vida de los niños, tanto antes como después de su nacimiento. Así el Convenio sobre los Derechos del Niño de la ONU de 1989.

Contradicciones hay aquí y allá, y ello nos lleva a Aristóteles, cuando constató que hay leyes que tienen que cambiar sencillamente porque son contradictorias, simples y bárbaras.

HO.- ¿Es necesario mantener el aborto como un delito, o había que sustituir, como abogan algunos, esa ‘fuerza disuasoria’ del Código Penal por otra serie de medidas?

R.- El Tribunal Constitucional, en su sentencia relativa a la Ley del aborto de 1985, dice que el concebido debe ser protegido incluso con normas penales. Tradicionalmente, y hoy sigue siendo así, el aborto está tipificado bajo este nombre como un delito en el Código Penal. Básicamente hablamos del aborto no consentido.

Pero cara a la madre el Código Penal no es la panacea. El asunto tiene mucha más envergadura, es social, de cultura de vida, y requiere acudir a la realidad de las cosas, al amor a la vida humana, al respeto a los demás. El Código Penal siempre tiene que venir detrás, cómo último remedio. Antes debe reconocerse que existe moralmente una regla básica y elemental, que es “no matar”: “No mates a un ser humano, nacido o por nacer”, ese sencillo principio es una regla moral previa a dicho Código, existe con independencia de lo que diga el Código Penal. También es preciso tener en cuenta otro asunto que trato en el libro, que es la eximente en caso de necesidad, la cual tiene lugar cuando el daño que se produce es inferior al que se evita.

P.- Se nos planeta entonces otra cuestión: ¿existe un ‘derecho a morir’, que deba proteger el Estado?

R.- Hay que empezar señalando que no hay un “derecho a matar” a otro ser humano, Se ha llegado a hablar de un derecho a la soledad, incluso de un derecho a estornudar, y hoy hay quienes hablan de un derecho a matar. Tal cosa no existe, pues supondría sustituir el bien por el mal como principio. A pesar de ello la Ley del aborto de 2010 sí ha introducido un “derecho a matar”. El anteproyecto decía claramente, pero tras las observaciones que hubo se retocó el artículo 12 y no se estableció de forma tan expresa, aunque sí queda patente tal derecho en otros preceptos de la Ley cuando habla del “derecho a la prestación sanitaria”, y desde luego en sus Reglamentos. No lo olvidemos, se contempla el aborto como un derecho, y además se configura como una prestación gratuita del Sistema Nacional de la Salud.

Respecto al supuesto “derecho a morir”, se trata de algo que ha sido negado por el Tribunal Constitucional español en recursos de amparo como los de los Testigos de Jehová que se negaban a recibir transfusiones. Se planteó el tema, y el Constitucional lo dejo claro, no hay un derecho a morir.

 

Erradicar del aborto es posible. Es tiempo de hacernos oír

 

Recuero, en HOHO.- Su libro “En defensa de la vida humana” no se limita a ofrecernos un brillante análisis de la cuestión desde el punto de vista jurídico, biológico y filosófico: nos sorprende y enriquece con una tercera parte en la que miramos de forma práctica y optimista al futuro: frente al desánimo, nos queda la acción: Así, nos realiza diversas propuestas para la defensa de la vida humana, comenzando por el desarrollo de un nuevo humanismo…

R.- En el libro intento dar esperanza, mirar más allá de lo que ahora tenemos, ya en el prólogo acudo al ejemplo de la esclavitud: Siglos nos ha costado reconocer que los esclavos eran personas, siglos, y los que los esclavizaban y usaban como cosas no eran más tontos que nosotros… eran ciudadanos normales, como nosotros, y muchos gente buena, incluso creyentes en Dios. Y siglos nos está costando darnos cuenta de que un moribundo, una persona incapaz, un demente, un concebido, son personas humanas. Está claro que un cigoto que crece en el útero de su madre (que es su palacio, según dicen los japoneses), siempre con su ADN y su identidad genética, es una misma persona durante toda su vida, uterina y extrauterina, hasta que muere. En eso confío e invito a confiar: en la realidad, en la verdad, que puede ser vejada pero nunca oprimida.

El nuevo humanismo supone simplemente acudir a la realidad de la persona humana, volver a humanizar al hombre, verle como es, con su libertad, con su trascendencia, instalado en una metafísica que supera el materialismo antropoteísta que hoy sufrimos.

Sobre una auténtica antropología, nada postmoderna, puede construirse una cultura de vida en la que toda vida humana se considere un bien. Se trata de poner en marcha una revolución social a favor del hombre, informando, dando alternativas dignas al aborto y a la eutanasia, enseñando el valor de la maternidad y la familia... Logrado este paso ético será cuando podremos cambiar las leyes, implantando unas que sean respetuosas con toda vida y toda libertad. No se trata de llegar a ello simplemente por la fuerza, la verdad, la realidad de las cosas, es la que nos lleva a una moral de vida, y esa moral a unas buenas leyes.

 

Humanismo y acción cívica: “empecemos por hablar ya, y hablar claro”

 

HO.- ¿Qué hacer para el establecimiento de esta cultura humanista?

R.- Esta cultura de vida hay que irla desarrollando, debemos ir hablando, participando en el debate público, explicando la realidad de las cosas, tratando con la gente joven… Creo que hoy día es muy necesario empezar por explicar las cosas más elementales de la vida y del mundo, es lo que trato de hacer en mi nuevo libro: Qué es el sexo, qué es la condición sexuada del ser humano, qué el amor y la familia, cómo se transmite vida, porqué un ser humano lo es desde el primer instante de fecundación, porqué tal cosa es un hecho científico, porqué toda vida merece amor y respeto…

Frente a la otra cultura, la que se basa en una idea de la libertad que permite disponer de inocentes, tenemos que ir poco a poco extendiendo la cultura de la vida, ya hay muchos grupos cívicos haciéndolo, como HazteOir.org y Derecho a Vivir. Debemos dar argumentos.

Siempre he pensado, y si se lee Historia se comprueba que así es, que normalmente ha habido alguien que ha pensado una idea, después otro ha pensado cómo ponerla en práctica, y por último mucha gente lo ha hecho, la ha puesto en práctica. Eso es lo que hay que hacer. La revolución por la vida debe seguir esos pasos: Primero hay que enseñar que el ser humano no es un trozo de carne y que su libertad no es la de un dios, explicar qué es el hombre. Aclarado qué es el ser humano, podremos idear cómo poner en marcha esa revolución pacífica pero profunda. Y después entre muchos la pondremos en marcha. Estoy convencido, aunque no sé cuánto tiempo tardaremos, de que igual que se reconoció que la esclavitud no era humana porque los esclavos son personas, y hubo sentencias del Tribunal Supremo de Estados Unidos rectificando lo que antes habían dicho, llegará un tiempo en el que de igual modo rectificaremos en lo que respecta al derecho a la vida.

HO.- No encuentro mejor colofón para esta entrevista que las palabras con las que abre y cierra las páginas de su obra, que compartimos los defensores del derecho a vivir: “la lucha por la vida tiene futuro. Podemos esperar fundadamente una victoria”… ¿En qué se fundamenta este entusiasta convencimiento, que será la base para rescatar nuestra civilización?

R.- Siempre el mal y el bien han luchado por el dominio sobre el hombre, y desgraciadamente a veces el mal a triunfado. Pero la vida está gobernada por la Naturaleza y por Dios, como decía Séneca “la naturaleza rige la vida”. De manera que por mucho que la forcemos, las aguas acaban volviendo a su cauce. Ya dije que la verdad puede ser vejada pero no oprimida, y además el tiempo siempre es un lobo para el mal. La gran verdad del hombre, que es lo más digno que existe, con su libertad, que no es la de un dios, es la que nos da esperanza en el triunfo del bien y la vida, por eso podemos esperar una victoria cuando estamos luchando por ella. Para conseguirla lo primero que tenemos que hacer, a mi modo de ver, es hablar de ella en cuanto tengamos oportunidad, en cualquier momento, circunstancia y lugar, hablar, y hablar claro.

  • Ficha bibliográfica: En defensa de la vida humana. Autor: José Ramón Recuero Astray. Editorial: Biblioteca Nueva, 2011. 392 páginas. ISBN: 978-84-9940-249-9. 16 euros