HO considera “un paso importantísimo” que el PP anuncie que derogará la ley del aborto
Ignacio Arsuaga recuerda que “es necesario que el presidente del PP se pronuncie de forma contundente sobre ese asunto: es necesario su compromiso personal”.
MADRID, 18 DE AGOSTO DE 2010.- “Por fin se ha logrado una declaración contundente del PP respecto de la ley del aborto”, ha saludado con satisfacción el presidente de HazteOir.org, Ignacio Arsuaga, al conocer las declaraciones realizadas esta mañana en una entrevista concedida a EsRadio por la ex ministra de Sanidad y diputada del PP, Ana Pastor, asegurando que su partido derogará la ley del aborto “cuando ganemos las próximas elecciones, si el Tribunal Constitucional no lo hace antes”.
Esta diáfana declaración, a juicio de Arsuaga, "supone un paso importantísimo, que da medida de la necesidad de una ciudadanía responsable y activa en una sociedad desarrollada”. Además, el presidente de Hazteoir.org ha destacado el hecho de que este compromiso esté desligado desde el principio de la decisión que tome el Tribunal Constitucional respecto del recurso planteado por la formación política.
A falta de que esta declaración de intenciones se confirme por la vía de los hechos, Arsuaga ha subrayado la necesidad de que el presidente de los populares, Mariano Rajoy, se manifieste con igual claridad:
“Es necesario que el presidente del PP se pronuncie de forma contundente sobre ese asunto. Es necesario su compromiso personal”.
Mientras que no llegue la derogación efectiva de una ley que sostiene la aberración de que matar a un ser humano es un derecho, como primer paso para la abolición total del exterminio que se quiere imponer sobre los nonatos, “nuestro compromiso sigue firme en la defensa del no nacido, en la ayuda a la mujer y la promoción de la maternidad, así como en la defensa de los derechos de aquellos profesionales sanitarios a los que se les pretende obligar a ir contra la esencia de su profesión":
"Tenemos el objetivo claro: abolir el aborto como se abolió la esclavitud”.
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M. Vidal Santos Mié, 18/08/2010 - 15:09h
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Sí, me parece muy bien pero
Sí, me parece muy bien pero que nos digan, muy claro, si esto significa ABOLIR el aborto o sustituir la actual ley por otra que no nos han dicho cuál. Transparencia, por favor.
Yo cuando vea escrito en el
Yo cuando vea escrito en el programa electoral del PP la palabra "derogar"
me lo creeré.
Mientras tanto, sigo pensando que el PP no va tocar ni una coma de la ley abortista
del PSOE.
Con lo sencillo que es derogar leyes...al PSOE no le tiembla el pulso...
....pero el PP tiene q esperar a ver lo q dicen los izquierdistas del TC.
Aunque vea la palabra
Aunque vea la palabra "derogar" la ley del aborto en algún programa de partido político, no creo que sea suficiente, deben decir si esta derogación significa otra ley y cuál o si no que digan que van a ABOLIR el aborto claramente. Para mí están preparando el camino para las próximas elecciones y por desgracia lo que llegará a la mayoría de los votantes es que el PP va a derogar la ley del aborto pero no nos dirán que tienen previsto a cambio, que será, y me aventuro, suspender el artículo donde permiten el aborto a menores sin el consentimiento de los padres y alguna cosilla mínima más.
POR SUS FRUTOS LOS
POR SUS FRUTOS LOS CONOCEREIS. De acuerdo con HO en que se exija que el PP manifieste publicamente que el mismo dia en que tomen el control del pode DEROGARAN la nefasta ley pero ademas que NO LA SUSTITUIRAN por otra "suavecita" y que BLINDARAN CONSTITUCIONALMENTE la vida desde la concepcion para que no exista duda que en el futuro les sera facil a los aborteros nuevamente imponerla.
Es éste un tema que levanta
Es éste un tema que levanta ronchas, más veces políticas que doctrinales. Una vez más debo discrepar de posturas personales. Para ello, tomo del foro sobre el aborto algo que escribí hace pocos días:
No soy amigo del PP ni del clero, al menos en este sentido. Creo que deberían ser más explícitos, como ayer lo fue Antonio Montero, arzobispo emérito de Mérida-Badajoz. No se le ocurrió más que publicar (en ABC tenía que ser) una Tercera titulada "No acostumbrarse a lo espantoso", que recomiendo leer en http://www.abc.es/20100808/opinion-la-t ... 00808.html
Bueno; digo, malo: pues ya está en plena operatividad la Ley Orgánica de la Salud Sexual y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo, un eufemismo biensonante del aborto puro y duro, provocado, libre y gratuito, que segará en flor, no aún en fruto autónomo, la vida de miles y miles de seres humanos, los más inocentes, indefensos y dignos de protección; pero, ¡tranquilos!, porque eso ocurrirá «solamente» durante las catorce primeras semanas de su gestación en el claustro materno.
La sedicente «ley de plazos» sucede, a un cuarto de siglo, a la primera de 1985, cuya memoria no puede ser más nefasta: un millón con creces de víctimas cruentas, de las que el noventa y cinco por ciento lo fueron por el infame coladero de las certificaciones falsas sobre la salud psíquica de las madres. Las cifras anuales de abortos han ido creciendo, año tras año, hasta el pasado 2009 con ciento dieciséis mil en su trofeo, uno por cada cinco embarazos. Ninguna ley de aborto puede ser calificada como buena, pero sí diversificarse entre malas y peores. Tal es la disyuntiva en la que nos sitúan las de 1985 y de 2010.
Sobre la primera, me remito a lo dicho y, sobre la nueva, resumo en breves trazos su génesis y sus contenidos. Una ley de este género no venía reclamada por la opinión pública del país, ni figuraba en el programa electoral del partido gobernante; tampoco ha tenido el refrendo de los preceptivos Consejos, de Estado, Fiscal, o de la Bioética de España. Sí, empero, el de la Comisión de Expertos, creada por el Ministerio de Igualdad, con acreditados miembros proabortistas.
Tampoco el debate parlamentario ni la delgada mayoría de votos le han granjeado nuevas adhesiones al texto legal, sino todo lo contrario: un abierto rechazo y contramanifestaciones públicas de las sesenta asociaciones provida, más las severas advertencias de la Asociación Nacional de Objetores de Conciencia, de la Asociación Médica Colegial y de otros entes paralelos de ginecólogos y de sectores diversos del personal sanitario; hoy por hoy, se presagia, sobre todo en los centros públicos, una masiva legión de objetores de conciencia. Ya veremos.
La accidentada prehistoria y el problemático futuro de la nueva ley se debe, sin lugar a dudas, a su antropología precaria y a la inconsistencia de los pilares éticos de su fundamentación jurídica. El día de su aparición en el BOE (6 del 7) la editorializó este periódico con el rótulo «La peor ley posible», argumentándolo en la «premisa inmoral de negar humanidad al feto, contaminando todo el discurso proabortista; y porque banaliza la muerte de seres humanos, ratifica el menosprecio de la ley anterior por los enfermos y minusválidos —que han exteriorizado su protesta—, considera el aborto como un anticonceptivo y convierte al Estado en su promotor.
Nada de esto se aviene con la recta conciencia del bien y del mal que anida en el corazón humano, a lo que se ha llamado siempre ley natural. El Concilio Vaticano II define el aborto como «un crimen abominable, un acto intrínsecamente malo que viola muy gravemente la dignidad del ser humano… y hiere, gravemente también, la dignidad de quien lo comete» (Gs). El Papa Ratzinger en su discurso en Viena, a las autoridades nacionales y al Cuerpo Diplomático, el 7 de diciembre de 2007, afirmó por su parte que la tutela del bien fundamental de la vida humana forma parte de las obligaciones de la autoridad.
Y, con clara referencia a nuestro país y a nuestro asunto, la Conferencia Episcopal Española, en su LXXXVI Asamblea Plenaria (marzo de 2006), ya se anticipó en estos términos: «El derecho a la vida no es una concesión del Estado, es un derecho anterior al Estado mismo, y éste tiene siempre la obligación de tutelarlo. Tampoco tiene el Estado autoridad para establecer un plazo dentro de cuyos límites la práctica del aborto dejaría de ser un crimen». A raíz de la ley de plazos, diversas declaraciones episcopales han denunciado con firmeza su aberrante suplantación del derecho a vivir del nascituruspor el supuesto y tétrico derecho de su madre a darle muerte (dicho esto último con vergonzantes eufemismos). Silenciarlo, dicen los obispos de Aragón, nos convertiría en sus cómplices.
Sobre el aborto en toda su magnitud y su escandalosa extensión social en España y en Europa, la Historia nos llamará a capítulo, según advirtieron Julián Marías y Miguel Delibes, y ahora lo hace el profesor Manuel Ollero; así ocurrió con la esclavitud en los primeros siglos cristianos, y con las prácticas inquisitoriales en la Europa cristiana del Medioevo y del Renacimiento, por las que el Papa Juan Pablo II pidió perdón en nombre de la Iglesia en el jubileo del año 2000.
Lo más triste y desolador del fenómeno abortista es que contamina a millones de personas, a ciudadanos normales e incluso gentes de bien, que, aunque ellos no lo practicarían, han caído en la trampa de justificar la libertad de otros para perpetrarlo y la del Estado para permitirlo y tutelarlo. Sin apercibirse de su propia dureza de corazón.
Lo peor de este pecado —aunque no delito, qué sarcasmo— no es la ley sino el aborto mismo y el desierto moral de la sociedad que lo asume. Habría que pedirle a Dios, recordando el pasaje del profeta Ezequiel, que nos arranque el corazón de piedra para convertirlo en corazón de carne. Lo primero es reafirmar nuestras propias convicciones sobre el don sagrado de la vida humana, sin dejarnos contaminar por todos los tópicos y sofismas de lo que han llamado los últimos Papas «cultura de la muerte». Decía el adagio latino: «Asueta vilescunt», lo acostumbrado pierde valor. No deberíamos jamás acostumbrarnos a considerar natural el sacrificio sistemático de personas inocentes.
Corresponde a la ciudadanía y a los partidos políticos con sensibilidad humanista el esfuerzo, sin fijar plazos, de sustituir la ley vigente por otra que proteja a la mujer encinta con miedo a la maternidad, en la gestación, el alumbramiento de su bebé, y la inserción digna de ambos en la sociedad. Se nos impone a todas luces a la Iglesia, los padres, los educadores y los creadores de opinión generar democráticamente en la sociedad una «metanoia» o conversión (gracias, Juan Manuel de Prada) para que se salve a sí misma evitando a toda costa su autodestrucción.
Decía mi inolvidable maestro y hermano Don Jesús Iribarren que los abortistas lo son porque sus padres no lo fueron. ¡Qué mal agradecemos hoy ese admirable don de la existencia propia y ajena! Santa Teresa de Calcuta le dijo en su tiempo a Ronald Reagan: «Señor presidente, no deje usted matar a tantos niños. Démelos a mí». ¡Cuánto bien están haciendo a este propósito los admirables movimientos provida de dentro y fuera de España! Ya estamos recogiendo los frutos en la reacción adversa a esta ley, herida en el ala por un ambiente social consciente y responsable.
Y déjenme terminar el sermón con un bellísimo recuerdo del Evangelio de san Lucas: la Visita de Isabel a su prima en los montes de Judea, cuando estando ella de seis meses, danzó de gozo en su seno Juan el precursor ante la también presencia uterina de Jesús, en el seno de María, que lo estaba de tres. Estos sí que fueron plazos entrañables de la inminencia gozosa de nuestra salvación. ¿Saltarán también en el seno materno los hijitos a los que hayamos podido salvar en sus primeras catorce semanas? ¡Quiéralo Dios!
No me enredo en detalles
No me enredo en detalles jurídicos, porque no soy ningún experto. Sencillamente me limito a expresar que me agrada mucho el anuncio hecho por Ana Pastor, pero estoy con Nacho en que no es suficiente. Ha de comunicarlo oficialmente Rajoy o Cospedal. Luego, incluirlo con claridad meridiana en el futuro programa electoral. Y, por supuesto, después, si ganan las elecciones, cumplir ese hipotético punto del programa. Añado, además, que no es suficiente, aunque sí justo y necesario, derogar la nueva Ley. Quiero ver derogada también la anterior. Y quiero ver una propuesta exhaustiva de medidas de protección a la mujer embarazada a nivel nacional. En resumen, quiero que el aborto desaparezca de la faz de la tierra, como quiero que desaparezca todo tipo de asesinato de seres humanos.
Me parece una noticia
Me parece una noticia excelente, estoy de acuerdo con Ignacio Arsuaga, tiene que ser el Presidente del PP quien explique de que manera piensa derogar la ley del aborto, conocemos el principio "ley posterior deroga ley anterior" , pero estamos ante un tema de tan vital importancia y trascendencia que se tienen que delimitar muy bien los términos y por supuesto proteger al Nasciturus, a la Vida y a la maternidad como es debido.
Queridos amigos, es
Queridos amigos, es evidentemente mejor que se retire la nueva Ley, pero lo que realmente importa, es que se desee acabar con el aborto y desgraciadamente, el PP no desea acabar con el aborto.
Lo que ha hecho al anunciar qu retirará esa Ley, es simplemente aparentar para contentar al electorado ca5tólico y provida... pero es un amagar y no dar.
Es una cuestión de blaco o negro. No se puede aceptar "matar solo un poquito" para justo poder decir que ellos en eso son mejores que los del PSOE ¡Hay que dejar de matar!
Y para eso y como dijo Arsuaga en una entrevista, solo están estos: www.carlistas.es o los de Familia y Vida.
Estimado Efrén, si como
Estimado Efrén, si como dices, para eso y como dijo Arsuaga en una entrevista, solo están www.carlistas.es o los de Familia y Vida, me temo que tendremos aborto hasta el día del juicio final por la tarde.
Claro que luego hay otros que nos conformamos con que se mate menos, ya que no podemos imponer que no se mate a los niños aún no nacidos, pues somos incapaces de convencer a otros para que respeten la vida de los nascituri. Te sugiero que nos comentes lo que hayas entendido del escrito de monseñor Montero que colgué.
Aunque ya lo he dicho en más de una ocasión, estoy totalmente a favor de la vida, que no es lo mismo que impedir a otros que no maten, aunque lo lamente. Y, por otra parte, cuando me bautizaron, no me pidieron fe al PP ni a nadie más, salvo al Cristo.
Entre los tics tuyos y de otros foreros está echar las culpas del aborto casi exclusivamente al PP, por no haber derogado la ley durante su plazo de mayoría absoluta. Posiblemente ni lo intentaron; yo prefiero creer que era tarea superior a sus fuerzas y convencimientos.
Aunque volvieran a fallar, prefiero la posibilidad al no rotundo del PSOE, o la nebulosa de los grupos que patrocinas, que desde su fundamentalismo no servirían ni de grupo de apoyo.
No necesitamos partidos
No necesitamos partidos víctima, la culpa exclusiva del principal partido de la oposición es que quiere estar en misa y repicando.